jueves, 27 de agosto de 2009

La alfombra de baño


El baño es un lugar de mucha intimidad, de mucho recogimiento, donde es fácil mirarse, por dentro y por fuera, buscarse, encontrarse y limpiarse.

En el baño lo mismo encuentras una frase inspirada para la próxima cita, que un clines con el que aplastarte un grano, que te acuerdas de que tienes que reclamar el recibo del gas...

Esta alfombra de baño de rayas blancas y amarillas me acompaña desde hace muchos años, calculo que unos 9. Durante esos años su fidelidad ha sido inquebrantable, sólo se ha ausentado cuando ha pasado por la lavadora (y la ha sustituído otra blanca, más pequeña, y menos simpática: la alfombra de baño suplente). No ha desteñido (ha perdido algo de tersura pero, ¿y quién no, en tanto tiempo?) y me ha evitado (es una estimación) unos 29 resbalones graves y 3 resbalones mortales durante estos años. Le debo la vida, y más.

Joder, se me están saltando las lágrimas, aquí, en el baño, mientras la miro. La mayoría de los matrimonios en España, según las estadísticas, duran menos que nuestra relación. Y cuando la compré me la dieron así, como quien no quiere la cosa, el dependiente no me dijo: "¿te comprometes a cuidar esta alfombra de baño y a respetarla en la riqueza y en la pobreza en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?". Y en cambio ahí sigue impertérrita, cumpliendo con su misión, haciéndome compañia, alegrándome la vista, aceptándome tal como soy, escuchándome, sí, escuchándome. Nunca me ha pedido nada. Estoy tentado de abrazarla, conmovido como me hallo.

El baño es un lugar de mucha intimidad. Aquí no me ve nadie. Abrazo la alfombra de baño: "Amiga del almaaaaaa..."

1 comentario:

MeTis dijo...

jeje, espero que nunca se te acabe el rollo del wc, porque puede que entonces no la quieras tanto.