lunes, 18 de enero de 2010

El Holandés Errante



Para los que no la han visto, se la cuento.

Es de Wagner.

Sale un capitán de un barco gordito (el barco no, el capitán) y canta que lo que más le importa en la vida en su hija Senta y que se alegra porque está llegando a puerto y la podrá ver otra vez.

Se les acerca un barco fetén, con las velas rojas y, el capitán, un tipo joven y guaperas, canta que tiene una maldición: sólo puede tocar tierra cada 7 años para encontrar un amor puro que le salve de su infierno.

Además, el capitán maldito, holandés, a la sazón, tiene pasta a tutiplén (claro, como no se bajan del barco, no gastan).

El capitán gordito ve una buena oportunidad de cambiar a su querida, guapa y cándida hija Senta por una suma considerable. De donde se deduce que la candidez de la hija no es un rasgo hereditario, o al menos no lo es por parte de padre.

Llegan a tierra los dos capitanes, y Senta se enamora del holandés errante (el capitán guaperas) en apenas 3 minutos. El público de la sala no ve indicios de frivolidad en esa rapidez, lo cual aun ahora me sorprende. Ella le promete el oro y el moro, aparentemente lo hace llevada por una atracción física pero podría ser que el padre entre bambalinas le hubiera dado el quedo de que el chaval estaba forrado.

Aparece en escena un pretendiente pardillo (un chaval del pueblo) y le canta a la chica con una emoción sincera: "¿y qué pasa con lo nuestro?". Ella contesta: "no sé de qué me estás hablando". Él: "me rompes el corazón". Ella: "ah, se siente". Pero por detrás ha llegado el holandés errante (yo no sé por qué no se dieron cuenta los otros dos si se encendieron varios focos de repente). "Con que estas tenemos, ¿eh? Eres una mala nécora, digo "pécora", todas sois iguales, ya me lo decía mi madre. Me vuelvo al mar y a mi maldición". Ella se da cuenta de que la ha cagado por bocazas y que se le ha escapado el guapo rico y en vez de conformarse con el chavalito del pueblo (aparentemente majo) que seguía esperanzado el rifirrafe, se suicida tirándose por un acantilado.

De donde se deduce que Senta padecía una depresión, probablemente agravada por el consumo indiscriminado de barbitúricos, adelgazantes, alcohol, etc. Wagner obvia el análisis psiquiátrico forense porque era un misógino de tomo y lomo, estaba resentido porque su primera esposa le abandonó por otro.

Al final, los autores, por más que le pongamos a nuestros protagonistas nombres éxoticos y los subamos en bergantines, no podemos evitar hablar de las cuatro cositas que nos han pasado en la vida. Una pena.

Si bien no tengo duda de su talento como compositor, creo que Wagner no debió destacar en el cole precisamente por su capacidad de síntesis, porque ¿hacen falta 3 horas para contar esta historia?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encanta tu manera de contar las cosas, tan amena y divertida. Si los profesores explicasen así a sus alumnos, el fracaso escolar caería en picado.
Yo me matriculo en tus clases sin dudar, y sin hacer novillos.
ALL.