miércoles, 6 de enero de 2010

No son los padres

Soy Gaspar, Melchor y Baltasar.

A las 4 y 5 de la mañana, acabo de terminar de envolver y colocar los regalos.

Sí, ya sé que estáis pensando que ahorraría horas de sueño si dejara que me los envolvieran en Oriente, pero a mí me gusta que todos lleven el mismo papel y una etiqueta con el nombre del destinatario.

He dejado en esta casa, que es la mía, 21 paquetitos: 21 ilusiones.

No trabajo en otras casas. Así puedo entrar por la puerta y no por la ventana, la prevención de riesgos laborales hay que tenerla muy en cuenta.

No me he comido el mendrugo de pan, ni he dado un trago al vino, porque, a estas horas, la verdad, no apetece.

Mañana, digo, hoy, digo, dentro de un rato, C. se encontrará esta orgía de obsequios y buscará su nombre a toda velocidad.

Los abrirá demasiado nerviosa y demasiado deprisa.

Desayunaremos un trozo de roscón.

Luego repasará todos los nombres de los regalos sin abrir: "Así que esta pandilla es lo que los Reyes Magos consideran mi familia" pensará, con ironía onceañera.

La llevaré a casa de su madre y repetirá todo menos lo del roscón.

Yo regresaré antes de comer y, mientras pongo un poco de orden, celebraré que ya falta muy poco para que comiencen las clases, y que ese es un buenísimo regalo.

Ella cree que no existen, que son los padres. Pero para los padres los Reyes no son los padres, son la Consejería de Educación.

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