Me gusta mi trabajo.
Mucho
Pero en días como hoy, en los que empiezo a las 8 y termino a las 23, me pregunto:
¿Me gusta tanto?
Siempre he dicho que quien pasa tantas horas trabajando es porque el resto no le excita. Hoy me lo aplico y me echo a temblar.
He extendido una servilleta sobre la mesa y he depositado encima mi corazón. Da saltitos, maybe de alegría, maybe pura supervivencia. Aprovecha, haz la foto, no me sale la honestidad todas las noches.
El trabajo es la actividad más premiada socialmente, no hay ninguna otra que goce de tanto predicamento. Tú dices que has estado 12 horas leyendo, viendo fútbol o cuidando de tus hijos y la gente piensa que eres raro, pero dices que has estado 12 horas currando y la gente dice ¡qué abnegación! en vez decirte ¡qué perfecto gilipollas!
Cuando uno no sabe diferenciar bien qué es lo importante y qué es lo accesorio, es normal que se deje llevar por lo que dicta la masa.
Quizá sea eso lo que me pase, que al carecer de un norte propio adopto el norte social.
Joder, qué rabía, yo siempre había tenido una brújula propia.
Que conste que no me quejo del guión que me han pasado, es el actor principal es el que me parece más bien flojo.
Viene la otra mano y me dice:
-A dormir, gordito, a ver si mejoras.
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
jueves, 10 de enero de 2008
miércoles, 9 de enero de 2008
Raro
Se me hace raro no quererte,
no llamarte cuando me pasa algo bueno.
Se me hace raro no contarte
lo que veo cuando miro esto o aquello.
Se me hace raro no regalarte flores que he inventado yo.
Se me hace raro meter los piropos en el congelador.
Se me hace raro no tener
tu nombre en la boca cuando me despierto.
Se me hace raro olvidarte
dejar que los buenos recuerdos
se los lleve el viento.
Se me hace raro que te dé igual,
que no te importe que estos sean
los últimos versos.
Se me hace raro que no hayas venido
a despedirme al puerto.
no llamarte cuando me pasa algo bueno.
Se me hace raro no contarte
lo que veo cuando miro esto o aquello.
Se me hace raro no regalarte flores que he inventado yo.
Se me hace raro meter los piropos en el congelador.
Se me hace raro no tener
tu nombre en la boca cuando me despierto.
Se me hace raro olvidarte
dejar que los buenos recuerdos
se los lleve el viento.
Se me hace raro que te dé igual,
que no te importe que estos sean
los últimos versos.
Se me hace raro que no hayas venido
a despedirme al puerto.
martes, 8 de enero de 2008
sábado, 5 de enero de 2008
Escribir
Escribe uno para ser mejor. O porque no tiene más remedio. Escribe para ahorrarse el Prozac, las balas o el arsénico. Escribe para zafarse del miedo, para charlar con alguien aunque ese alguien sea uno mismo. Escribe como quien mancha de carmín un espejo. Yo, por ejemplo, ahora mismo debería estar durmiendo.
Ha escrito C. su carta a los Reyes Magos y cómo será que no me atrevo a reproducirla aquí. Es cruda y dice lo que le gustaría cambiar de las personas que le rodean. Podría pensar que la escribió con sinceridad, pero no, la escribió delante de mí y le salía. Una palabra detrás de otra. Escribió esa carta porque no podía escribir otra. Porque tenía que soltarlo. La escribió porque no tenía más remedio.
-Papá, ¿estamos solos, verdad?
-No hija, tenemos amigos, familia, y nos tenemos el uno al otro.
-No hablo de ti o de mí en concreto, hablo de... de todos.
-...
-...
-Pues sí. Estamos solos.
-No, si no me importa. Ya lo pensaba yo. Era por asegurarme.
Ha escrito C. su carta a los Reyes Magos y cómo será que no me atrevo a reproducirla aquí. Es cruda y dice lo que le gustaría cambiar de las personas que le rodean. Podría pensar que la escribió con sinceridad, pero no, la escribió delante de mí y le salía. Una palabra detrás de otra. Escribió esa carta porque no podía escribir otra. Porque tenía que soltarlo. La escribió porque no tenía más remedio.
-Papá, ¿estamos solos, verdad?
-No hija, tenemos amigos, familia, y nos tenemos el uno al otro.
-No hablo de ti o de mí en concreto, hablo de... de todos.
-...
-...
-Pues sí. Estamos solos.
-No, si no me importa. Ya lo pensaba yo. Era por asegurarme.
jueves, 3 de enero de 2008
Tengo
Tengo un ramo de margaritas
en un jarrón
al lado del ordenador
desde el que escribo.
La puerta grande de cristal da a la terraza.
Tengo un sentimiento o dos
que no sé cómo ordenar.
Una urgencia, un deseo,
un ímpetu y varios amigos.
Una aguja y un pajar.
Dos manos.
Tres años en los que sólo
le he sido fiel a Hagen Dasz
Un propósito de enmienda
una canción inacabada.
Una playa desierta, en otoño,
donde termina la ría.
Un no saber dormir solo
una nocturnidad, una alevosía.

Tengo un ramo de margaritas
en un jarrón.
Al lado del ordenador
desde el que escribo.
en un jarrón
al lado del ordenador
desde el que escribo.
La puerta grande de cristal da a la terraza.
Tengo un sentimiento o dos
que no sé cómo ordenar.
Una urgencia, un deseo,
un ímpetu y varios amigos.
Una aguja y un pajar.
Dos manos.
Tres años en los que sólo
le he sido fiel a Hagen Dasz
Un propósito de enmienda
una canción inacabada.
Una playa desierta, en otoño,
donde termina la ría.
Un no saber dormir solo
una nocturnidad, una alevosía.

Tengo un ramo de margaritas
en un jarrón.
Al lado del ordenador
desde el que escribo.
miércoles, 2 de enero de 2008
Los globos y la ley de la gravedad
ya es grave que haya una ley que pene el peso de los deseos. Pero así es. Cada uno cogió su cartulina. Algunos dos. Un abusón, tres. Unas azules, otras grises; unas anaranjadas, otras violetas. Los globos cargados de helio se empeñaban en empujar el techo.
De sus lazos amarillos colgamos las cartulinas, perforadas convenientemente en una esquina. ¿Cuántos globos había? ¿15? ¿20? No los conté, pero no fueron suficientes para impedir que el peso de los deseo venciera sus ganas de subir al cielo.
¿Qué hacer si los deseos estaban escritos y no había manera de que se los llevase el Año Viejo? Ni siquiera el Año Nuevo, recién despierto, era capaz de llevarse decenas de palabras...
Rociamos con un gel azul las tarjetas. Un gel acelerador del fuego... Les prendimos fuego en el jardín y empezarons arder y se soltaron de los globos y los globos volaron y los deseos se volatilizaron en forma de ceniza...
Me prendí una sonrisa en la boca que guardé toda la noche. Bueno, hasta las seis de la mañana, cuando abandoné las sábanas calentitas porque un ruido en el salón me devolvió a la realidad. No sé qué habrá pasado con los globos, pero sí sé lo que deseo. Y sé que se cumplirá.
De sus lazos amarillos colgamos las cartulinas, perforadas convenientemente en una esquina. ¿Cuántos globos había? ¿15? ¿20? No los conté, pero no fueron suficientes para impedir que el peso de los deseo venciera sus ganas de subir al cielo.
¿Qué hacer si los deseos estaban escritos y no había manera de que se los llevase el Año Viejo? Ni siquiera el Año Nuevo, recién despierto, era capaz de llevarse decenas de palabras...
Rociamos con un gel azul las tarjetas. Un gel acelerador del fuego... Les prendimos fuego en el jardín y empezarons arder y se soltaron de los globos y los globos volaron y los deseos se volatilizaron en forma de ceniza...
Me prendí una sonrisa en la boca que guardé toda la noche. Bueno, hasta las seis de la mañana, cuando abandoné las sábanas calentitas porque un ruido en el salón me devolvió a la realidad. No sé qué habrá pasado con los globos, pero sí sé lo que deseo. Y sé que se cumplirá.
martes, 1 de enero de 2008
Desnudo
Después de cenar y disfrutar de la emoción de las uvas y de brindar voy a una fiesta en el centro de Madrid, es en casa de M.
F. está bailando con otra chica, me la presenta con un breve "lee tu blog".
Me azoro, es como si fuera desnudo.
No puedo evitar pensar que esa chica sabe mucho de mí mientras yo: ¡nada de ella!.
Sigue F.: "Aunque todavía no consigue distinguir qué mano escribe cada cosa".
Me tranquilizo por una razón, obvia para mí, que no pienso revelar aquí.
Pero no me tranquilizo mucho, en realidad paso de estar en cueros a recoger del suelo los calzoncillos y ponérmelos.
"Que no, hombre, que no se puede saber nada de uno a partir de lo que escribe" esto me dice mi alter ego (uno de ellos) mientras me tiende la camisa y los pantalones "Anda, póntelo, que estás dando el cante".
F. está bailando con otra chica, me la presenta con un breve "lee tu blog".
Me azoro, es como si fuera desnudo.
No puedo evitar pensar que esa chica sabe mucho de mí mientras yo: ¡nada de ella!.
Sigue F.: "Aunque todavía no consigue distinguir qué mano escribe cada cosa".
Me tranquilizo por una razón, obvia para mí, que no pienso revelar aquí.
Pero no me tranquilizo mucho, en realidad paso de estar en cueros a recoger del suelo los calzoncillos y ponérmelos.
"Que no, hombre, que no se puede saber nada de uno a partir de lo que escribe" esto me dice mi alter ego (uno de ellos) mientras me tiende la camisa y los pantalones "Anda, póntelo, que estás dando el cante".
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Escribiendo en la cama
Estoy escribiendo en la cama. Tú duermes. Hace mucho calor esta primera noche del verano. Es por eso que has apartado la colcha de un...