Lo que más me importa en la vida es que me quieran.
Aunque no me entiendan. Aunque esté lejos. Aunque no sea en exclusiva.
De forma explícita.
Con mis defectos, con mi desorden, con mis prisas.
No me valen como sustitutivo que me respeten, me admiren o me teman. A algunos hombres les satisfacen esos sucedáneos, a mí no.
Y estoy orgulloso de compartir esa prioridad con todos los niños del mundo y con mi perro, J.
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
domingo, 4 de julio de 2010
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