Es domingo.
Son las 9,45.
Me levanto de la cama.
La casa está tomada por la luz.
Salgo a la terraza, las parras están llenas de brotes tiernos. La glicinia y la bignonia se lo están tomando con más calma, no quieren despertarse del sueño del invierno, no quieren ir al cole. Las violetas, orquídeas silvestres y azaleas refulgen al sol. Son plantas humildes, de temporada, que dan todo lo que tienen y luego, un día, desaparecen sin hacer ruido, sin recoger honores. Esta noche han entrado a robar en el bajo de mi bloque. Se han llevado 35 euros en efectivo. O no les han gustado el modelo de pantalla plana de mi vecino, su fabulosa colección de cedés de jazz y el oleo que tiene encima del sofá, o habían venido en transporte público y no podían acarrearlo. Me hago una tostada y le pongo un chorrito de aceite. Y una pizca de sal. El yogur de frutas del bosque que hay en la nevera caducó hace 5 días, pero no parece mala persona, así que no creo que me fastidie. Me lo tomo con deleite al sol. Se ha estrellado un avión lleno de presidentes polacos (el del país, el del banco central, el del ejército...). Parece ser que sucedió por una tontería: el piloto se empeñó en que aterrizaba a pesar de la niebla.
Se dan la mano la muerte y la vida, el sol y las nubes se dan la mano. Se dan la mano Madrid y Polonia. Una mañana tierna y una noche áspera se dan la mano.
--No quiero engancharme a tus besos --le dije.
--No te preocupes, tonto. Ven, arrímate, que voy a enseñarte algunos otros sitios donde engancharte --contestó.
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
domingo, 11 de abril de 2010
miércoles, 31 de marzo de 2010
Espejo
Algunos días me levanto cucaracha y otros princesa.
Ya lo sé.
No es necesario que me lo digáis tú o el espejo.
Maldito espejo.
Ya lo sé.
No es necesario que me lo digáis tú o el espejo.
Maldito espejo.
lunes, 29 de marzo de 2010
Inventario

Dos manos,
un trozo de pan,
una pluma,
papel,
el sol...
Podría intentar mil explicaciones pero creo que sólo es eso, que soy eso, que eso es todo.
He tenido que caminar 40 años para librarme del prefacio, de las notas del editor, del índice, de los párrafos superfluos (la mayor parte). He tenido que caminar 40 años para darme cuenta que las señales de no adelantar, velocidad máxima 80km, atención vuelo rasante, semáforo en verde o prohibido aparcar no eran para mí. He tenido que caminar 40 años para darme cuenta de que estoy solo, solamente solo, felizmente solo, solo ante todos los peligros.
Solo ante todos los placeres.
Y que cuento nada más
que con dos manos,
un trozo de pan,
una pluma,
papel
y el sol.
domingo, 28 de marzo de 2010
Ínfimos milagros
Me sorprenden mucho los avances que hace la tecnología. Me parece alucinante que yo pueda escribir en esta pantalla y un rato después vosotros lo podáis leer en las vuestras. Es un milagro. Es un milagro de teclados y pantallas.
Pero hay también un milagro en rellenar una pluma con tinta y después, deslizándola en un papel, crear un trozo de una historia o un poema. Los trazos, la textura del papel, la caligrafía... puedes acercar un microscopio y aparecerá una imagen alucinante. O puedes leerlo en voz alta y aparecerán sonidos.
Han crecido unas violetas en la maceta de la glicinia. Sin que yo hiciera nada. Y, esta mañana, al sol, yo las he regado. Y he pensado que ni iPad, ni cine en 3D, ni procesador de doble núcleo, ni pantalla de TDT, ni tamagochi, ni toda la tecnología de la NASA... no habría manera de recrear con tecnología este pequeño milagro que suponen unas violetas diminutas. ¡En tiempo real! Para mí, sólo para mí. A cambio de un poco de sol, algo de agua, un trozo de tierra. No hay manera de reproducir esas violetas con pixels. Y mucho más difícil es reproducir o siquiera captar la emoción que ese instante de contemplarlas me ha proporcionado.
El descubrir esas violetas, dispuestas en una composición mágica, imperfecta, perfecta, justo esta mañana, justo bajo esa luz, ha sido un pequeño milagro: un milagro cotidiano. Que Dios (o quien diablos lleve ese departamento) me guarde, y que por muchos años yo sea capaz de disfrutar de esos ínfimos milagros.
Pero hay también un milagro en rellenar una pluma con tinta y después, deslizándola en un papel, crear un trozo de una historia o un poema. Los trazos, la textura del papel, la caligrafía... puedes acercar un microscopio y aparecerá una imagen alucinante. O puedes leerlo en voz alta y aparecerán sonidos.
Han crecido unas violetas en la maceta de la glicinia. Sin que yo hiciera nada. Y, esta mañana, al sol, yo las he regado. Y he pensado que ni iPad, ni cine en 3D, ni procesador de doble núcleo, ni pantalla de TDT, ni tamagochi, ni toda la tecnología de la NASA... no habría manera de recrear con tecnología este pequeño milagro que suponen unas violetas diminutas. ¡En tiempo real! Para mí, sólo para mí. A cambio de un poco de sol, algo de agua, un trozo de tierra. No hay manera de reproducir esas violetas con pixels. Y mucho más difícil es reproducir o siquiera captar la emoción que ese instante de contemplarlas me ha proporcionado.
El descubrir esas violetas, dispuestas en una composición mágica, imperfecta, perfecta, justo esta mañana, justo bajo esa luz, ha sido un pequeño milagro: un milagro cotidiano. Que Dios (o quien diablos lleve ese departamento) me guarde, y que por muchos años yo sea capaz de disfrutar de esos ínfimos milagros.
sábado, 27 de marzo de 2010
Mutis
Se ha levantado,
se le habia hecho tarde.
Se ha olvidado la pulsera en la mesilla.
Ha dejado un hueco en la cama. El sol iluminaba ese hueco en exceso, como el redondel del cañón en un escenario un instante antes de que salga el artista. Pero en este caso el artista había hecho mutis por el foro. He alargado la mano hasta la mesilla y he cogido algo de mi amigo Bukowski. He leído un par de poemas intensos, cargados de verdad. Y he dejado el libro vuelto con las cubiertas hacia arriba, como una casita de dibujos animados, justo en el sitio que ocupó ella.
Caliente aun,
primero por su cuerpo.
Y después por el sol.
Creo que al viejo Chinaski le habría hecho gracia.
se le habia hecho tarde.
Se ha olvidado la pulsera en la mesilla.
Ha dejado un hueco en la cama. El sol iluminaba ese hueco en exceso, como el redondel del cañón en un escenario un instante antes de que salga el artista. Pero en este caso el artista había hecho mutis por el foro. He alargado la mano hasta la mesilla y he cogido algo de mi amigo Bukowski. He leído un par de poemas intensos, cargados de verdad. Y he dejado el libro vuelto con las cubiertas hacia arriba, como una casita de dibujos animados, justo en el sitio que ocupó ella.
Caliente aun,
primero por su cuerpo.
Y después por el sol.
Creo que al viejo Chinaski le habría hecho gracia.
viernes, 26 de marzo de 2010
Tengo un problema
Me ha llegado un SMS
por sorpresa.
Y me ha dado una felicidad.
El SMS cuesta apenas 0,15€.
Ayer me invitaron a comer
en uno de esos restaurantes
Me aburrí bastante.
La cuenta pasó de los 150€.
Tengo un problema:
estoy fuera del mercado.
por sorpresa.
Y me ha dado una felicidad.
El SMS cuesta apenas 0,15€.
Ayer me invitaron a comer
en uno de esos restaurantes
Me aburrí bastante.
La cuenta pasó de los 150€.
Tengo un problema:
estoy fuera del mercado.
jueves, 25 de marzo de 2010
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Escribiendo en la cama
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