Amos Lee suena en mi iPod, y un tsunami entra en mi cerebro a través de los cascos. Es una congoja ácida, de una textura similar a la mantequilla, virulenta. Para mí que este chico no tiene la culpa de nada, que son cosas mias. Soy yo quien desata las tormentas y las calmas. Soy yo quien se enamora y se aburre.
Sé que no debo echarle la culpa al sol, a la luna, a la playa ni al booggie.
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
domingo, 16 de marzo de 2008
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