Viajamos, recorremos el mundo con nuestras cámaras digitales, sorprendiéndonos con los grandes monumentos y con los rincones irrelevantes. Diferente. Todo es diferente. Por eso lo fotografiamos. Por eso queremos guardarlo y (a veces en sesiones de una duración cruel) enseñarlo a nuestros amigos incautos.
Me propongo hacer una expedición a mi propia casa. Y compartir unas cuantas postales con vosotros.
No hay escenario en el mundo más emocionante, con una carga afectiva tan grande, como la casa de uno, no hay geografía más íntima que la propia morada. Voy a iniciar un viaje. Y escribirlo en este blog. Puede que cuando pasen 20 años y viva en otro sitio, o en el mismo muy cambiado, las mire con ternura, con nostalgia. Igual que si fueran la torre de Pisa o los canales de Amsterdam.
Como siempre, serán bien recibidos vuestros comentarios.
¡Arrivederci!
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
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