lunes, 17 de abril de 2006

El Blog

Miro el contador y pone casi 15000.

¿Para qué hace uno un blog? Esta pregunta se la hacen todos los blogeros alguna vez.

Me enteré de que existían los blogs una madrugada en una discoteca. No comprendí muy bien cómo funcionaba la cosa, pero milagrosamente me grabé una dirección, la del extinto blog de la mano que escribe. Empecé a curiosear poco a poco, con cautela, con escepticismo: de voyeur. A las pocas semanas la mano que escribe me propuso hacer uno a medias: "Lo llamaremos a2manos".

Iba yo ufano y contento con mi blog como niño con zapatos nuevos y se lo comenté a una amiga tan juiciosa como crítica. Me dijo: "Eso qué es, la última moda entre los exhibicionistas".

Supongo que "blog" tiene que ver con exhibirse.

Hacer un concierto, una exposición o una cena con amigos, ponerse rimmel o afeitarse, también. Pero para mí "blog" tiene que ver principalmente con compartir. Hacer un concierto, una exposición o una cena con amigos, ponerse rimmel o afeitarse, también.

Otro artista-filósofo muy sesudo, muy intelectual y muy artista (ya sé que lo repito, no es casual), muy auténtico. Después de analizar el hecho blog con sus privilegiados cerebro y bagaje cultural llegó a la misma conclusión que mi amiga. A él le hicieron falta tres folios donde ella sólo había necesitado una frase. Pero era lo mismo. Él lo llamó "narcisismo".

¡Qué pesaditos!. Si yo no digo que no, pero como explicación es demasiado barata, demasiado evidente, demasiado simple. Hay más.

Yo por ejemplo me siento muy contento con el blog. Podría decir de él que es apetitoso como un bocadillo de calamares de la Puerta del Sol: no me puedo resistir. Pero menos grasiento. Podría decir de él que es sedante. Porque me ayuda a no subirme por las paredes, a no subirme a la azotea a disparar, a no comerme los padrastros. Es afrodisiaco. Porque cuando me pongo con él se me estimula la neurona, y a mí que se me estimule la neurona me ayuda a que se me estimule lo demás. No en el momento. Un ratito después (o una semana).

De éste me gusta además que no se sepa quién escribe ni posts, ni comentarios. Que no se haya convertido en un patio de vecinas tipo chat. Que no tiremos de lo amarillo, lo fácil o lo morboso por las buenas, para regocijarnos.

Las manos nos permiten tocarnos. Compartir algo.

Con eso me vale.

Y tú ¿qué piensas? ¿Para qué se hace o se mira un blog?

Ha pasado desapercibido el día del aniversario de este espacio.
Hace ya más de un año que lo comenzamos.
Por eso hoy las manos soplamos una vela.
Lo de la fiesta es otro cantar.
Felicidades.
Y gracias a todos por pasar por aquí de vez en cuando.

jueves, 6 de abril de 2006

Postales desde Hanoi III


Trabajaban o charlaban o compartían un paseo por internet.
Tan bien planchados, tan formales, tan a juego.
Y su humilde bicicleta les miraba.

-"Que me ha dicho mi padre que vengas a cenar el viernes; que te quiere conocer"
-"Me da muchísimo corte ¿No lo podríamos dejar para la semana que viene?
En caso de empate el voto decisivo es el del ciclomotor.

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martes, 4 de abril de 2006

Postal desde Hanoi I


Me dijo Luis: Vamos a tener que vender el Mondeo porque no nos cabe nada, estamos pensando en comprar un monovolumen.

domingo, 2 de abril de 2006

Ganas

Me he dado cuenta cuando he salido de la ducha. ¿Dónde está mi cabeza? He hecho el gesto, lógico, de mirarme al espejo, pero, ¿con qué? He tratado de pedir ayuda, pero ¿con qué? No oía nada. ¿Estaba sólo? Esto es ridículo: sin cabeza, pero pensando o algo parecido. Quizá es que la cabeza está en otra parte, reflexioné. Y eso es lo que me pasa: tengo la cabeza en otra parte. A la gente le pasa cuando se enamora. No es el caso. Bueno, sí, pero es un estado bastante habitual en mi. Ya lo sé, eso es imposible y patatín y patatán. Pues no, no lo es. Al menos para mi.

Pero tengo la cabeza en otro sitio. No precisamente cerca. Escribo y me da vueltas en la saviola -de vez en cuando la siento muy cerca de mi, qué le vamos a hacer (la expresión en cursiva es lunfardo)- el título de un libro de Kundera de cuando había que leer a Kundera, allá por los '80 y abandonando la adolescencia para entrar en no se sabe qué. El ser está en otra parte, se llamaba.

Tengo la cabeza en ninguna parte, o quizá donde no debo, porque todo pueden ser alegrías, pero también pueden ser tristezas. Da igual, alegrías y tristezas no pueden vivir la una sin la otra, y las dos se van y vienen cuando les place.

Hoy necesito un beso, pero no lo voy a pedir. Me quedo con las ganas.

Escribiendo en la cama

Estoy escribiendo en la cama. Tú duermes. Hace mucho calor esta primera noche del verano. Es por eso que has apartado la colcha de un...