Él solía escribir. Le pagaban por ello. Pero, por encima de todo. necesitaba escribir.
Tenía miedo. Miedo a escribir más rápido. A acelerarse y precipitarse como un trineo por la pendiente y no poder parar. Tenía miedo a que le salieran frases sin su consentimiento, párrafos que él no quería que salieran. Tenía miedo a que su escritura le escribiera a él. Este miedo lo tienen casi todos los escritores. Y no es miedo, no. Es pavor.
El había sido un salvaje durante bastante tiempo. Cuando ella lo conoció él era un salvaje. Aventuraré que ella se enamoró de él exactamente porque era un auténtico salvaje.
Luego se fue domesticando a medida que ella se lo pedía. Dulcemente. Sin estridencias. Esa fue la mayor traición hacia ella: obedecerla y dejar de ser como era. Y, como era de esperar, ella dejó de amarle. Porque la había traicionado. Porque la había obedecido. Por eso dejó de amarle. Porque ya no era un salvaje.
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
lunes, 30 de octubre de 2006
jueves, 26 de octubre de 2006
Por si no lo sabíais
Por si no lo sabíais en el blog hay un cuarto de atrás.
Es donde se guardan los draft, los borradores.
La mano que toca usa mucho ese cuarto de atrás. Padece cierta forma de incontinencia repentina. También sufre de sequías inesperadas e implacables. Hay que ahorrar. Así que va escribiendo y guardando. Y suele publicar lentejas de ayer o garbanzos del lunes -debidamente congelados y vueltos a calentar en el microondas.
En la cámara de los horrores hay básicamente dos tipos de productos a saber. Lo que podríamos denominar tono ligero y los tono grave. Hay también mestizos, eso es verdad.
Pues durante 15 días ha ido escribiendo gravedades e intentando publicar ligerezas. Y ha llegado el día en que no le queda ninguna ligereza. Podría dar al botón Eliminar, que también está. Cortar por lo sano, borrón y cuenta nueva. Pero ha preferido airear. Es lo bueno del blog, que es gratis.
La mano que toca se da asco de si misma de poner tantas veces tristeza y pena y la madre que las parió. Que parece que está obsesionada y que no hay diccionario ni nada. Podría disimular, buscar sinónimos... Pues no. Saca aquí del tirón todos los post aludidos. Y decide borrar las dos putas palabritas del diccionario de ahora en adelante. A ver si de esa manera consigue borrarlas también de otros sitios.
Contradicciones, somos todito contradicciones.
Leo en un estudio clínico que la lencería bonita alegra la cara de quien la lleva.
Será por un misterioso efecto sinérgico: "sonrío que soy chica de bragas estupendas".
¿Se sorprenden? Sepan que está científicamente probado.
Lo leo, y de la alegría que me da, me salen unas puntillas en los calzoncillos. Es el efecto inverso. Se me bordan unas iniciales con mi nombre. Y se me ponen Calvin Klein cuando eran Carrefour. Me río y se me hacen tanga con mucha transparencia y mucha sensualidá. Virguería de calzoncillos oiga. La Perla, lo que yo le diga. Paseando por los territorios comunes de la lencería, la física y la neurología.
Empecé grave y acabé ligero.
Contradicciones, todito contradicciones.
Es donde se guardan los draft, los borradores.
La mano que toca usa mucho ese cuarto de atrás. Padece cierta forma de incontinencia repentina. También sufre de sequías inesperadas e implacables. Hay que ahorrar. Así que va escribiendo y guardando. Y suele publicar lentejas de ayer o garbanzos del lunes -debidamente congelados y vueltos a calentar en el microondas.
En la cámara de los horrores hay básicamente dos tipos de productos a saber. Lo que podríamos denominar tono ligero y los tono grave. Hay también mestizos, eso es verdad.
Pues durante 15 días ha ido escribiendo gravedades e intentando publicar ligerezas. Y ha llegado el día en que no le queda ninguna ligereza. Podría dar al botón Eliminar, que también está. Cortar por lo sano, borrón y cuenta nueva. Pero ha preferido airear. Es lo bueno del blog, que es gratis.
La mano que toca se da asco de si misma de poner tantas veces tristeza y pena y la madre que las parió. Que parece que está obsesionada y que no hay diccionario ni nada. Podría disimular, buscar sinónimos... Pues no. Saca aquí del tirón todos los post aludidos. Y decide borrar las dos putas palabritas del diccionario de ahora en adelante. A ver si de esa manera consigue borrarlas también de otros sitios.
Contradicciones, somos todito contradicciones.
Leo en un estudio clínico que la lencería bonita alegra la cara de quien la lleva.
Será por un misterioso efecto sinérgico: "sonrío que soy chica de bragas estupendas".
¿Se sorprenden? Sepan que está científicamente probado.
Lo leo, y de la alegría que me da, me salen unas puntillas en los calzoncillos. Es el efecto inverso. Se me bordan unas iniciales con mi nombre. Y se me ponen Calvin Klein cuando eran Carrefour. Me río y se me hacen tanga con mucha transparencia y mucha sensualidá. Virguería de calzoncillos oiga. La Perla, lo que yo le diga. Paseando por los territorios comunes de la lencería, la física y la neurología.
Empecé grave y acabé ligero.
Contradicciones, todito contradicciones.
miércoles, 25 de octubre de 2006
La pena adelgaza
"La pena adelgaza". Lo dijo muy seria en presencia de un amigo que está pasando cuitas y que, a todas luces ha perdido peso. Yo me quedé callado por falta de reflejos, porque la afirmación requería su análisis y porque eran las 2 y 3 gintonics de la mañana.
Pero luego, mientras caminaba buscando algún pilotito verde con taxi libre debajo, le di al cacumen y creo que. Creo que a cada uno el estado anímico le afecta al metabolismo de una manera y que a mí, precisamente a mí, lo que me adelgaza es la felicidad completa. La pena no.
La pasión arrebatada, eso también.
Puedo decir que la pena tampoco me engorda, lo hago en su descargo. En el descargo de la pena.
El taxista llevaba puesta una tertulia de madrugada -prefiero muerte- y yo me entretuve en valorar cuántas calorías tendría un disgusto. Cuántas un éxito. Siempre se ha dicho que fulanito estaba orondo de felicidad... por algo será. Que no cabía en sí de gozo. Esto apoyaría la tesis de mi amiga.
Hoy volvía caminando. Llovía. Tenía un gato jugando con el ovillo de mis contradicciones. Que si tienes ya una edad. Que si, vaya, tanto dar vueltas para esto. Las circunstancias -supongo que también la química cerebral- me estaban haciendo vudú por lo bajini.
Me he echado atrás la capucha para dejar que la lluvia me aclarara las ideas. Ventaja de calvo. Y si no las puede aclarar que se las lleve todas a la puta alcantarilla.
Las gafas estaban llenas de gotitas.
...-Me acerco al Alcosto y me compro un donut.
...-No, que no lo voy a disfrutar del mal rollo.
...-Que sí, que la glucosa sube el ánimo.
...-Han ascendido a mi cajera. Le han quitado el letrero de la pechera y ya no sé cómo se llama.
...-No me cambies de tema ¿vas o no vas?
He pasado.
Desidia.
La lluvia se me había llevado las ideas buenas y las malas.
¿Será que mi amiga tiene razón y la pena adelgaza?
Para mí que no. Los disgustos no engordan, las euforias no engordan, son las personas las que engordan.
Pero luego, mientras caminaba buscando algún pilotito verde con taxi libre debajo, le di al cacumen y creo que. Creo que a cada uno el estado anímico le afecta al metabolismo de una manera y que a mí, precisamente a mí, lo que me adelgaza es la felicidad completa. La pena no.
La pasión arrebatada, eso también.
Puedo decir que la pena tampoco me engorda, lo hago en su descargo. En el descargo de la pena.
El taxista llevaba puesta una tertulia de madrugada -prefiero muerte- y yo me entretuve en valorar cuántas calorías tendría un disgusto. Cuántas un éxito. Siempre se ha dicho que fulanito estaba orondo de felicidad... por algo será. Que no cabía en sí de gozo. Esto apoyaría la tesis de mi amiga.
Hoy volvía caminando. Llovía. Tenía un gato jugando con el ovillo de mis contradicciones. Que si tienes ya una edad. Que si, vaya, tanto dar vueltas para esto. Las circunstancias -supongo que también la química cerebral- me estaban haciendo vudú por lo bajini.
Me he echado atrás la capucha para dejar que la lluvia me aclarara las ideas. Ventaja de calvo. Y si no las puede aclarar que se las lleve todas a la puta alcantarilla.
Las gafas estaban llenas de gotitas.
...-Me acerco al Alcosto y me compro un donut.
...-No, que no lo voy a disfrutar del mal rollo.
...-Que sí, que la glucosa sube el ánimo.
...-Han ascendido a mi cajera. Le han quitado el letrero de la pechera y ya no sé cómo se llama.
...-No me cambies de tema ¿vas o no vas?
He pasado.
Desidia.
La lluvia se me había llevado las ideas buenas y las malas.
¿Será que mi amiga tiene razón y la pena adelgaza?
Para mí que no. Los disgustos no engordan, las euforias no engordan, son las personas las que engordan.
martes, 24 de octubre de 2006
Tu boca
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta con cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mi para dibujar con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un aroma viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua
J. Cortázar. Rayuela
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un aroma viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua
J. Cortázar. Rayuela
domingo, 22 de octubre de 2006
Escenario
Cuatro cosas:
yo misma sobre las baldosas,
una silla vacía,
un vaso y el teléfono.
Somos cuatro tirados sobre el suelo.
Parece un velatorio,
teléfono de luto como un muerto,
ni se mueve ni habla,
le miro fijamente para nada.
G. Fuertes
yo misma sobre las baldosas,
una silla vacía,
un vaso y el teléfono.
Somos cuatro tirados sobre el suelo.
Parece un velatorio,
teléfono de luto como un muerto,
ni se mueve ni habla,
le miro fijamente para nada.
G. Fuertes
sábado, 21 de octubre de 2006
Misterios Sin Resolver II
Un niño de 8 años en una fiesta de cumpleaños. Concretamente la de mi hija.
Lo normal: corre, juega, grita...
Se le nota nervioso y emocionado.
Hasta ahí lo entiendo pero...
¿Qué estructura cerebral se le pone en marcha cuando se mancha las manos de tarta de chocolate e instintiva e irremediablemente va a limpiarse con las cortinas blancas?
Si alguien lo sabe, por favor, que escriba, es para recomendar a sus padres que lo lleven al neurocirujano y ¡¡¡se la extirpen!!!.
Lo normal: corre, juega, grita...
Se le nota nervioso y emocionado.
Hasta ahí lo entiendo pero...
¿Qué estructura cerebral se le pone en marcha cuando se mancha las manos de tarta de chocolate e instintiva e irremediablemente va a limpiarse con las cortinas blancas?
Si alguien lo sabe, por favor, que escriba, es para recomendar a sus padres que lo lleven al neurocirujano y ¡¡¡se la extirpen!!!.
El arte y la tristeza
Decía Gloria Fuertes que un poeta triste era un triste poeta. Decía que ella sólo escribía cuando estaba contenta o normal, si estaba triste se callaba. Y si estaba amargada ni siquiera salía a la calle, para no darle ningún zarpazo a nadie. En cambio cuando leo sus poemas o sus entrevistas detecto una tristeza profunda. No lo digo con pena, mucho menos con compasión, a muchos indolentes les recetaría yo la tristeza de la poeta. Era una tristeza de clown, de payasa. La tristeza de quien conoce y se moja. Una tristeza vestida de optimismo.
Leo a Bukowsky. Sin entrar a opinar si sus textos son autobiográficos o no (para quien no lo haya leído, Charles Bukowsky tiene un alter ego literario llamado Henry Chinasky y escribe siempre en primera persona). Bukowsky roza la desesperación, roza la nada, se pasea al lado de todos los abismos y su visión de lo que le rodea es descarnada, cruel... se diría que confía muy poco en el género humano. Pero Bukowsky siempre caía de pie. Siempre se despertaba de las borracheras y su obra es de una honestidad brutal.
Pero después de estos dos talentazos llegó Walt Disney y nos jodió bien jodidos. Tenía la sonrisa grabada en los labios, una visión del mundo en rosa y la actitud mediocre del vendedor de enciclopedias (ya no hay vendedores de enciclopedias. Digamos del vendedor de vaporetas).
Cuando contemplo arte, siempre me quedo con los atormentados, con los asustados y con los melancólicos (sin llegar a Cioran que es para rociarse de gasolina) porque la memez me aburre terriblemente y me resulta plasticosa y no me la creo. Sólo le permito cierta frivolidad a Cole Porter, todavía no tengo claro por qué. Será la excepción que confirma la regla.
Leo a Bukowsky. Sin entrar a opinar si sus textos son autobiográficos o no (para quien no lo haya leído, Charles Bukowsky tiene un alter ego literario llamado Henry Chinasky y escribe siempre en primera persona). Bukowsky roza la desesperación, roza la nada, se pasea al lado de todos los abismos y su visión de lo que le rodea es descarnada, cruel... se diría que confía muy poco en el género humano. Pero Bukowsky siempre caía de pie. Siempre se despertaba de las borracheras y su obra es de una honestidad brutal.
Pero después de estos dos talentazos llegó Walt Disney y nos jodió bien jodidos. Tenía la sonrisa grabada en los labios, una visión del mundo en rosa y la actitud mediocre del vendedor de enciclopedias (ya no hay vendedores de enciclopedias. Digamos del vendedor de vaporetas).
Cuando contemplo arte, siempre me quedo con los atormentados, con los asustados y con los melancólicos (sin llegar a Cioran que es para rociarse de gasolina) porque la memez me aburre terriblemente y me resulta plasticosa y no me la creo. Sólo le permito cierta frivolidad a Cole Porter, todavía no tengo claro por qué. Será la excepción que confirma la regla.
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