martes, 12 de junio de 2007

Manos escritas

Nunca ocurrió.

Lo que se escribe y lo que se vive no es lo mismo.

"Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia".

No la besé. Ni la escribí. Ni imaginé que en su espalda estaba la esencia de todas las playas de la Tierra. Ningún indicio queda de que sus manos apuntaran a un tesoro.

Nadie nos vio.

No quedan huellas.

Porque las palabras siempre son mentira, la piel de una burbuja inconsistente, el envoltorio, el reflejo, las notas de una melodía perecedera.

No existe la música. Excepto en el instante. No existe una caricia, ni un latido más allá de lo que duran. No existen las palabras que se dicen, por eso las escribimos, para intentar retenerlas. Aunque, una vez escritas, no sean verdad sino caricatura, sueño o humo.

Supongo que la quise con la intensidad de un electrón despistado, con la elocuencia de un huracán callado, con todo el miedo del mundo, multiplicado. Supongo que la quise una corchea pero, lo siento, no podría asegurarlo.

- Sí, te quise un segundo y al tercero me arrepentí.

Déjame que me invente esa noche, el baile y la melena. La carroza, la serenata y una huída muy al estilo de Cenicienta.

Déjame que te escriba, no hasta las rodillas, sino entera.

Sólo ilusión.

Porque no dejó huella.

Porque nunca ocurrió.

Porque lo que se escribe y lo que se vive no es lo mismo.

Porque "Cualquier parecido con la realidad

es pura coincidencia
".

lunes, 11 de junio de 2007

Desnudos frente al tráfico

Muchas veces he contado en este blog mi afición a moverme por Madrid en bici.

Lo hago de día y de noche, por los parques y también por el centro, con mi hija pequeña y también solo.

Cuando comento que voy en bici por Madrid casi todo el mundo me dice lo mismo: ¿y no te da miedo? Pues sí. Para qué os voy a engañar, me da miedo ir por Castellana o por Velázquez, también por la Gran Vía. Y a veces el miedo me lleva a circular por las aceras y entonces soy yo quien da miedo a la gente mayor, a las señoras...

Madrid es una ciudad maravillosa para moverse en bici. Desde Plaza de Castilla a la Puerta del Sol se tarda media hora, la bici va más rápido que el coche y da más gustito y más salud.

Sí, estoy reivindicando, ya lo sé, pero no siento ningún pudor porque es a favor de una causa justa.



El sábado pasado estaba convocada en Madrid la 4ª marcha Desnudos Frente al Tráfico para pedir más seguridad para los ciclistas, carriles bici por toda la ciudad y en general un compromiso de las autoridades con esta manera de desplazarse limpia y saludable. Y allí me fui.

Fue una verdadera fiesta. El recorrido de Cibeles al Palacio Real estuvo genial. El sol de Madrid, la solidaridad y la simpatía de los "mirones" que llenaban las aceras y sobre todo, el "buen rollo" de los participantes hizo de esta experiencia algo emocionante. La consigna que más me gustó (perdón, no me acuerdo del enunciado exacto) fue una que pedía ¡¡carril coche ya!!



¿Y no te daba vergüenza? No, vergüenza me da conformarme.

Al pasar junto al Senado y ver la bandera, llevando yo tan poco trapo encima, me sentí orgulloso de esta ciudad y esta sociedad en la que uno puede manifestarse pacificamente, una mañana de sábado, completamente desnudo para pedir valentía y mirar al futuro a quien nos representa.

martes, 5 de junio de 2007

Casi 38

No me apetece pensar y pensar.
Ni callar, ni dejar de decir.
Me ha costado tanto aprender a prescindir de las corazas...

No quiero que se me queden dentro las palabras,
para que caduquen como un yogur olvidado
para que se sequen.

Prefiero escribirlas. Con cuidado.
Soplarlas al oído, esparcirlas como migas en la mesa de la cena.
Besarlas como burbujas de champán

Por qué voy a ir a ras de suelo si puedo volar.

¡Pero, si yo soy de volar...! Sí, he dicho bailar.

Me miro y me veo raro, ahí, en la estación, viendo pasar los trenes.
Como un chico formal.
Ese no soy yo. ¿Qué me ha pasado?

Lo siento. Casi 38. Y quiero un poco más.

miércoles, 30 de mayo de 2007

Arder

Es una pena
que yo sea tan dura
tan de piedra

Es una pena
que no sea siquiera
de madera

Porque, después de leerte,
me convenzo de que tendrías,
para arderme,
un montón de maneras.

Me lo enseñó, en un papel basto y amarillo. Y me dijo que se lo había escrito una mina. Hacía tiempo. Cuando él era más joven (ahora se acercaba a los 70).

-¿Sabés lo peor, socio? -me dijo con su acento porteño. Me pilló desprevenido. Me pillo tan desprevenido esa locura de hacer transitivo el verbo arder. Que sucumbí. Del todo. Y me quemé con ella.

martes, 29 de mayo de 2007

Letras

Nunca he sabido cuántas letras hay. Depende. Pongamos que 28. Esa no es la discusión, pero... Sí, 28. Dejémoslo ahí. Es increíble lo que hace con 28 letras Auster. Pongamos a Auster como ejemplo.

I was looking for a quiet place to die.

Si no me equivoco, en esa frase utiliza 17 letras distintas. Le sirven para empezar una novela. Sólo 17, si he contado bien. No me voy a poner a contar signos de puntuAción. Me gustan. Punto.

Nunca he sabido cuántos tipos de risas hay. Oír esa risa es suficiente. La distancia, la ausencia, el tiempo perdido... ¡Qué más da! Sí, amigo, yo soy de risas. Y de letras.

lunes, 28 de mayo de 2007

Lo que quiera

No sonó el teléfono.

Y la ausencia de esa llamada me supo a una hilera más de ladrillos en el muro.

Los calcetines no se han movido de su lugar junto a la cama. Hay que ver, cuánta paciencia tienen los calcetines.

Antes de acostarme saqué del zurrón de mi cansancio un mendrugo de buenos sentimientos. Calculé mentalmente cuánta ternura podrían alojar esos 75 centímetros de colchón (por 190 de largo). Imaginé ese lugar -ahora bastante yermo- lleno de flores ansiosas por reventar.

No quiero flores apagadas, no quiero flores muertas.
No quiero lutos, no quiero muermos,
Ni paz...
Con un puñado de flores prefiero guerra.

Ya me he lavado los dientes.

Miro de nuevo a esos dos calcetines que me esperan.
Me acuerdo de la vieja pregunta de mi amigo: ¿A ti te gustan más...
Y pienso que no soy un hombre de culos, ni un hombre de tetas.
Que si una mujer se ríe bien, puede hacer conmigo lo que quiera.

Escribiendo en la cama

Estoy escribiendo en la cama. Tú duermes. Hace mucho calor esta primera noche del verano. Es por eso que has apartado la colcha de un...