Todo era propicio.
Cerca el mar,
lejos el pueblo,
cerca el cerco
de dos soledades que se desmoronan,
se oyó el tintineo
de un campanario,
después de excitante silencio
nos dejamos de risas y miradas.
¡Y nos pusimos a pecar como ángeles!
G. Fuertes
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
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Escribiendo en la cama
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