Se ha apagado la luz. Y dos hombres han empezado a golpearme con toallas mojadas. Enseguida he perdido el pie. La toalla mojada tiene eso, que se maneja mal contra un cuerpo en el suelo. Por eso, creo yo, han seguido a patadas. He intentado protegerme pero dos brazos no son suficientes contra cuatro botas. Menos si uno está roto. Mi penúltimo pensamiento ha sido: qué resistencia, no se cansan. Y a partir de un momento han dejado de sonar sus jadeos, han dejado de sonar los golpes secos contra mis costillas, han dejado de sonar más cosas que no me acuerdo porque debía estar ya sonado. Y una luz -como en las películas- lo ha llenado todo. pero todo todo. y luego nada. Y la nada se va fundiendo a negro, lentamente.
No ha ocurrido en un callejón del Bronx. Sino en una avenida soleada de mi propia alma. Flanqueada de palmeras, con gaviotas y bañistas sonrientes.
-Creo que es mejor que me vaya. No nos vamos a ver más.
-Lo entiendo, no te preocupes, no pasa nada.
Cuando lo he dicho lo pensaba.
Que no pasaba nada.
Pero luego se ha apagado la luz.
Toda la luz.
Y me he quedado a oscuras.
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
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esas son una de las frases malditas, tipo "te quiero mucho, pero como amigo".
ResponderEliminarhabra que protegerse como se pueda.