jueves, 21 de septiembre de 2006

A las 2 de la mañana

Sonó el teléfono.

No suele ocurrir a esas horas pero, concretamente ese día, dormía.

Lo cogí con un sobresalto y me alejé de la cama para que ella no se despertara. Pensé en la guardia civil, la agencia tributaria y todos los hospitales de la ciudad. También en securitas direct y un par de acreedores. Todos con minúscula, que los temo pero no los respeto. Entré en el baño y cerré.

-Que te quiero.

-¿Cómo? dije asombrado y miré la pantalla por si aparecía algún nombre: "Identidad oculta". En mi reloj las agujas marcaban las 2.

-Durante mucho tiempo lo último que hacía antes de dormirme era decirle al tipo que tenía al lado tequiero. Y aprovechar para sentirlo -el quererle- durante los instantes en que esas palabras salían de mi boca y resonaban en su nuca. Desde hace 6 meses duermo sola. Hoy me han vuelto las ganas de dormirme diciendo tequiero. Otros se toman una valeriana o rezan el jesusitodemivida...

-¿Quién eres?

-Eso da lo mismo. En realidad quererte no sé si te quiero, tampoco sé si le quería a él a quien tantas veces se lo dije. Bueno, las 100 primeras yo creo que sí, pero luego... luego sólo mientras lo decía.

-¿Por qué yo?

-¿Y por qué no?

Colgó.

Me tomé unos segundos de estupefacción, más o menos 10. Y luego me alegré de que hubiera en el mundo chiflados que no se repriman si a las 2 de la mañana les entran ganas de decir un tequiero. También agradecí al cielo no formar parte del grupo de personas que se levantan a las 5 para doblar el espinazo en Mercamadrid o conducir un convoy del metro.

Volví a la cama. Pusé los ojos en el techo. Unas rayas naranjas entraban por la ventana. ¿Por qué todas las farolas son naranjas, no podría haberlas verdosas, o azuladas...?

Fui bajando los escalones que llevan desde el techo al sueño. Despacio, como si me hubiera rezado una valeriana o me hubiera bebido un jesusitodemividaeresniñocomoyó... Me dormí con la certeza de que en los pocos instantes en los que articuló las dos palabras, se transmitieron por los cables y resonaron en mi oreja ella me quiso.

miércoles, 20 de septiembre de 2006

Postal

Todo era propicio.
Cerca el mar,
lejos el pueblo,
cerca el cerco
de dos soledades que se desmoronan,
se oyó el tintineo
de un campanario,
después de excitante silencio
nos dejamos de risas y miradas.
¡Y nos pusimos a pecar como ángeles!

G. Fuertes


lunes, 18 de septiembre de 2006

El éxito del autobusero

Volvía a quedar en el Concurso de Cartas de Amor para Empleados. Era el segundo año que le pasaba. Se lo dijeron esa misma mañana. De estrangis. Un compañero que había formado parte del jurado. Porque si no... en un concurso literario no te enteras de que has quedado tercero: ganador, finalista y montón, no hay más.

Llevaba el 40: el que va de Alfonso XIII a Red de San Luis. E iba bien pero que bien jodido. Porque las cartas de amor no se escriben con talento literario, mucho menos con oficio. Las cartas de amor se escriben con sangre, y salen directamente del corazón. En cada maldito semáforo tenía que encenderse el rojo para recordarle a él con qué se escriben las cartas de amor.

El autobusero nunca había tenido la menor vocación hacia las letras. Era, en cambio, desde niño un hombre de volantes y de ruedas. De pensamientos cíclicos, de ir, y de volver. Alguien que trabaje en el transporte lo sabe: no hay nada más distinto a un escritor que un camionero. Porque el camionero siempre regresa y en cambio el escritor no hace más que ir e ir e ir. Parte un día y ya no vuelve más. Y, ay del escritor que vuelve, ese ni es escritor ni es nada. Ni siquiera es camionero.

El autobusero había empezado con el nacional de mercancías, le gustaba más. Lo que se siente en un seis ejes por la carretera de Andalucía es algo indescriptible que no está al alcance de la mayoría de los mortales. Uno se integra con el camión en una comunión perfecta, pero no sólo eso, en ese vagar inexorable a velocidad y rumbo constantes, uno (hombre-camión) se disuelve en el universo. Y fluye como fluyen los ríos, y flota como lo hacen las nubes, y se calienta y se enfría y florece como lo hace el propio sol. Un camionero es un asceta de nuestros días (de nuestras carreteras) y roza el cielo. Qué digo roza, lo toca y bien tocado. Un camionero es un místico que va en camión. Volvo lo sabe. Por eso los camioneros tienen asientos con muelles. No por los baches, sino porque los muelles le van bien al levitar.

Un camionero sólo deja el ámbito de los cuerpos celestes cuando para en un restaurante o en un club de carretera. Ahí, sí; ahí se hace terreno. Pero en seguida, en cuanto sale, se echa un eructito, tira del pantalón hacia arriba, se sube a la cabina, arranca, deja un ratito al ralentí y vuelve a elevarse. Aunque lleve su curso de italiano en el radiocasete o su Luis del Olmo, él se eleva.

El autobusero había trabajadio como camionero en el nacional de mercancías, y le gustaba mucho, pero conoció a Rita. Se enamoró profundamente, y cambió el seis ejes por un autobús urbano para no tener que separarse de ella. Me podía haber ahorrado esta frase porque ya la veíais venir. No es que seáis muy listos, es que yo soy muy previsible. Me la podía haber ahorrado si fuera inventada, pero es que es cierta hasta los huesos. Rita al principio ni fu ni fa. El autobusero se lo curró con la tenacidad y el temple aprendidos en la red vial. En unas pocas semanas Rita fu y Rita fa. Se cogieron un pisito de alquiler en Hortaleza, muy cerca del Carrefour. No en lo que han hecho nuevo sino en lo cutrecillo, lo que es la Hortaleza proletaria de toda la vida. Dos habitaciones, tercero, exterior, sin ascensor, 60 metros. El suelo de terrazo y las ventanas de hierro, eso sí. Pero les daba igual, el amor que se tenían era más potente que un suelo de parquet del caro, más intenso que un alicatado de Porcelanosa. Su amor era más protector que el aluminio con Climalit, más hermoso que un estucado florentino hecho con esponja y buena maña. El autobusero estaba lo que se dice desatado y cuando a las tres de la mañana ella se dormía después de hacer el amor un par de veces, él se levantaba de la cama sin hacer ruido y se iba a la salita (con las zapatillas, eso sí). Se ponía entonces a escribir caricias extras, besos adicionales, todo lo que no había podido susurrarle, las palabras que no había tenido tiempo de colocar en la piel de ella. Se vertía el autobusero en aquella mesa de formica imitación roble. Los renglones perfectamente alineados, la letra compensada y rotunda, el boli bic azul, de tanto amor escribía en rojo. Y empezaba siempre: Querida Rita:.

Había dejado Mejia Lequerica para tomar Francisco de Rojas y lo había hecho sin afectarse, sin mirar a los mensacas, pasando de todo. Absorto en la última frase de la carta una lágrima se le escapó. Una gorda, no te creas. No es frecuente ver a un autobusero llorar. En parte por pudor y en parte para evitar el trago a los pasajeros se saltó la parada de la calle Luchana. Al finalista le daban 600 euros y al ganador 1500. Eso también le amargaba, aunque menos.

Para recuperar el control y la autoestima se repitió a sí mismo que el éxito del autobusero consiste en ser puntual, ayudar en lo posible a los mayores, no dar acelerones ni frenazos, no hacerle ningún rayajo al coche y tener cuidado con las motos. El éxito de un autobusero es ser invisible. Eso pensaba para mitigar el daño que le hacía haber quedado en el Concurso de Cartas de Amor para Empleados.

viernes, 15 de septiembre de 2006

Pasar Lista

Hace un tiempo que me preocupa una duda: ¿estáis ahí?

Supongo que sí: el contador sigue creciendo pero... hay muy pocos comentarios.

No es que pretendamos los juegos florales que abundan en otros blogs; no nos parecen bien. Tampoco nos molan los patios de vecinas tipo chat, qué cutre. Tampoco es que esperemos aplausos, consejos sentimentales, cajas de bombones o "a mí me ha pasado lo mismo". No. Con que enseñéis la patita de vez en cuando tenemos (enséñanos la patita por debajo de la puerta, eso le decían las cabritas al lobo).

Es que a veces pensamos que vamos por la calle hablando solos. Sería la más leve de nuestras locuras pero según está la cosa policial en Madrid (y Londres) lo mismo acababamos dando con los huesos en un calabozo a manos de Agentes de Movilidad (MA según sus siglas en inglés).

Así que hemos decidido pasar lista. Usad uno o varios de vuestros pseudónimos, tirad del Anonimous si hace falta, mandad una foto de vuestras manos (para conseguir nota) o lo que os dé la gana, pero algo, que os queremos contar.

Gracias, anyway.

jueves, 14 de septiembre de 2006

Etimología Barata

¿Por qué se parecen tanto las palabras "cansar" y "casar"?

Siempre me ha parecido sospechoso que matrimonio y manicomio sean tan parecidas.

Así que decidí hacerme yo mis propias familias de palabras y por supuesto que "novia" viene de "noria".

Esta etimología es mía. Y barata.

miércoles, 13 de septiembre de 2006

Leer en voz alta

C. está en su cuarto, al final del pasillo. Ya hemos vuelto a las rutinas del curso y eso implica cenar pronto y a la cama. Pero todavía no tenemos el ritmo, por eso le cuesta dormirse y, por las mañanas, levantarse.

"Si no te puedes dormir: lee".

Entonces la escucho, lee en voz alta. Lo ha hecho así desde que aprendió. Me gusta oír la música de su voz resonando en esta casa. No puedo evitar pensar que algún día, más cercano de lo que deseo, sólo la escucharé hablar por teléfono con amigos. Luego se irá. Para eso la preparo. Para eso me preparo.

Mientras, disfruto de sus ocurrencias, sus carantoñas, su olor... y de su voz cuando lee.

Escribiendo en la cama

Estoy escribiendo en la cama. Tú duermes. Hace mucho calor esta primera noche del verano. Es por eso que has apartado la colcha de un...