Hundir la cabeza en tu melena.
Como quien huele una flor.
Pan caliente,
Uvas, quizá.
Inhalar, con suerte, alguno de tus pensamientos.
Aspirar profundo.
Esnifarte.
Me da igaul que se desnude la luna.
Me da igual que el sol siga solo.
Quiero hundir la cabeza en tu melena.
Como quien reza.
A un mendrugo de pan.
A un vaso terciado de vino.
Inhalar, con suerte, alguno de tus sentimientos.
Ojos cerrados.
Respirarte.
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
jueves, 16 de agosto de 2007
miércoles, 15 de agosto de 2007
Mujer descalza
Una mujer descalza en la boca de metro.
De pie.
Va bien vestida, espera a alguien.
Espera a alguien con la tranquilidad que da el estar seguro de que va a llegar.
Es de noche.
La boca de metro está en un barrio de las afueras.
Nadie entra ni sale, nadie camina por la calle. Ella sigue allí y yo la miro al pasar.
Me gustaría ser mujer descalza en la boca de metro.
De pie.
Y tener la certeza de que va a llegar.
¿Quién? No sé, alguien.
Estar tranquilo.
Sentir en la cara el aire fresco de la noche y en los pies el cemento aun caliente.
De pie.
Va bien vestida, espera a alguien.
Espera a alguien con la tranquilidad que da el estar seguro de que va a llegar.
Es de noche.
La boca de metro está en un barrio de las afueras.
Nadie entra ni sale, nadie camina por la calle. Ella sigue allí y yo la miro al pasar.
Me gustaría ser mujer descalza en la boca de metro.
De pie.
Y tener la certeza de que va a llegar.
¿Quién? No sé, alguien.
Estar tranquilo.
Sentir en la cara el aire fresco de la noche y en los pies el cemento aun caliente.
martes, 14 de agosto de 2007
lunes, 13 de agosto de 2007
Las fotos
Hojeo el álbum, paso las hojas.
Ojeo el álbum, paso los ojos.
Siempre sales rara en las fotos.
Con la mirada diciendo una cosa y la boca otra.
Una expresión ambigua, que un despistado podría llamar melancolía.
Es que no hay manera de encontrarte una risa franca.
No hay quien te pille despeinada.
Descolocada.
Podría pensar que es cosa de que te relajes y te laves la cara.
Pero no.
Si no sabes mirarle a la vida con vertiginosa y espontánea alegría dificilmente podrás sonreír a esa cajita estúpida que llamamos cámara.
Es por eso que siempre sales rara en las fotos.
Ojeo el álbum, paso los ojos.
Siempre sales rara en las fotos.
Con la mirada diciendo una cosa y la boca otra.
Una expresión ambigua, que un despistado podría llamar melancolía.
Es que no hay manera de encontrarte una risa franca.
No hay quien te pille despeinada.
Descolocada.
Podría pensar que es cosa de que te relajes y te laves la cara.
Pero no.
Si no sabes mirarle a la vida con vertiginosa y espontánea alegría dificilmente podrás sonreír a esa cajita estúpida que llamamos cámara.
Es por eso que siempre sales rara en las fotos.
domingo, 12 de agosto de 2007
A los franceses les gustan las lánguidas
Salgo del cine de ver una película francesa.
Llevaba un tiempo que no iba a ver películas francesas porque estaba cansado del rollo del anticuario cuarentón que conoce a una chica de 30 con una innfancia problemática -pero no mucho- que ahora trabaja en una galería de arte y ambos se entrelazan en una historia de una gran intensidad metafísica en la que pronto se pone de manifiesto la incapacidad de ambos para alcanzar alguna forma de felicidad a pesar de contar con un nivel intelectual altísimo. Puaj. Para vomitar. Los franceses se toman muy en serio a si mismos y se les estaba atragantando la grandeur.
La de hoy me ha sorprendido porque tenía presentación, nudo y desenlace, una estructura narrativa tan clásica como eficaz. ¡¡¡¡¡Había una historia!!!!! Parece como si a los cineastas franceses durante muchos años les hubiera parecido horrorosamente vulgar que a la salida del cine un telespectador pudiera contarle a otro en tres frases de qué iba la peli. Leías la sinopsis y se descolgaban con un: "el director reflexiona sobre la profundidad del blanco, mientras los personajes se asoman a la superficialidad de la nada con una actitud de riesgo bastante ambigua lo que les lleva a una crisis existencial en la que recapacitan sobre la idoneidad de los sentimientos mirándose en el espejo de una sociedad absorta en la negrura de un destino no elegido" El único sentimiento idóneo era el aburrimiento ante esa sucesion de fotogramas vacios que sólo eran un monumento a la falta de imaginación del cineasta.
El Extraño es una historia de amor bien contada en la que se pueden echar unas lagrimitas muy a gusto. Tiene sus trucos y algunos planos de más, pero se disfruta. El director no va de vanguardista por la vida y por eso se le disfruta y se le entiende. Pero si bien ha hecho una película entretenida y consistente no ha podido librarse de una de las lacras del último cine francés: la pava con ínfulas. Desde que Juliette Binoche sacralizara la cara de pazguata, en toda película francesa tiene que haber una chica insulsa con expresión de sosa a la que -ante la falta de repertorio gestual- le atribuímos una vida interior intensa de narices.
O eso, o es que a los franceses les gustan las lánguidas.
Llevaba un tiempo que no iba a ver películas francesas porque estaba cansado del rollo del anticuario cuarentón que conoce a una chica de 30 con una innfancia problemática -pero no mucho- que ahora trabaja en una galería de arte y ambos se entrelazan en una historia de una gran intensidad metafísica en la que pronto se pone de manifiesto la incapacidad de ambos para alcanzar alguna forma de felicidad a pesar de contar con un nivel intelectual altísimo. Puaj. Para vomitar. Los franceses se toman muy en serio a si mismos y se les estaba atragantando la grandeur.
La de hoy me ha sorprendido porque tenía presentación, nudo y desenlace, una estructura narrativa tan clásica como eficaz. ¡¡¡¡¡Había una historia!!!!! Parece como si a los cineastas franceses durante muchos años les hubiera parecido horrorosamente vulgar que a la salida del cine un telespectador pudiera contarle a otro en tres frases de qué iba la peli. Leías la sinopsis y se descolgaban con un: "el director reflexiona sobre la profundidad del blanco, mientras los personajes se asoman a la superficialidad de la nada con una actitud de riesgo bastante ambigua lo que les lleva a una crisis existencial en la que recapacitan sobre la idoneidad de los sentimientos mirándose en el espejo de una sociedad absorta en la negrura de un destino no elegido" El único sentimiento idóneo era el aburrimiento ante esa sucesion de fotogramas vacios que sólo eran un monumento a la falta de imaginación del cineasta.
El Extraño es una historia de amor bien contada en la que se pueden echar unas lagrimitas muy a gusto. Tiene sus trucos y algunos planos de más, pero se disfruta. El director no va de vanguardista por la vida y por eso se le disfruta y se le entiende. Pero si bien ha hecho una película entretenida y consistente no ha podido librarse de una de las lacras del último cine francés: la pava con ínfulas. Desde que Juliette Binoche sacralizara la cara de pazguata, en toda película francesa tiene que haber una chica insulsa con expresión de sosa a la que -ante la falta de repertorio gestual- le atribuímos una vida interior intensa de narices.
O eso, o es que a los franceses les gustan las lánguidas.
viernes, 10 de agosto de 2007
Callar
No siempre callo cuando debo.
Por falta de criterio, de oportunidad, de talento... pero sobre todo porque el verbo deber y yo no nos llevamos bien.
Al final no importan tanto las razones como las emociones, por mucho que te empeñes.
Si las razones no nos defienden de la soledad, si no nos ayudan a encontrar caminos... quién quiere estar del lado de las razones.
Incluso rodeado de gente se siente la soledad.
Porque la gente es razones y también emociones.
Pero menos.
¿Y te extraña que apueste por las emociones?
¿Y te extraña que reniegue de las razones?
No siempre callo cuando debo, ya lo sé.
Por falta de criterio, de oportunidad, de talento... pero sobre todo porque el verbo deber y yo no nos llevamos bien.
Al final no importan tanto las razones como las emociones, por mucho que te empeñes.
Si las razones no nos defienden de la soledad, si no nos ayudan a encontrar caminos... quién quiere estar del lado de las razones.
Incluso rodeado de gente se siente la soledad.
Porque la gente es razones y también emociones.
Pero menos.
¿Y te extraña que apueste por las emociones?
¿Y te extraña que reniegue de las razones?
No siempre callo cuando debo, ya lo sé.
jueves, 9 de agosto de 2007
Sin Titulo
Si puedo elegir,
llámame ola.
Ni río, ni estanque,
ni grifo, ni mar,
prefiero ola.
Si puedo elegir,
llámame pan.
Ni filete, ni fresas,
ni azúcar, ni sal,
prefiero pan.
Si puedo elegir,
llámame ahora.
Ni ayer, ni mañana,
ni pronto, ni después,
prefiero ahora.
llámame ola.
Ni río, ni estanque,
ni grifo, ni mar,
prefiero ola.
Si puedo elegir,
llámame pan.
Ni filete, ni fresas,
ni azúcar, ni sal,
prefiero pan.
Si puedo elegir,
llámame ahora.
Ni ayer, ni mañana,
ni pronto, ni después,
prefiero ahora.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Escribiendo en la cama
Estoy escribiendo en la cama. Tú duermes. Hace mucho calor esta primera noche del verano. Es por eso que has apartado la colcha de un...
-
Me gusta la gente que no tiene miedo de mojarse cuando llueve.
-
El cuerpo humano es el único instrumento musical que se afina a la vez que se toca. Después de muchos años estudiando matemáticas he descub...
-
La mano que toca ha pedido que traduzca la letra del tango Garufa . Una barbaridad que acepto encantado en este esfuerzo impertinente de tra...
