Paso por la pescadería.
-¿Quién da la vez?
Me contesta una señora muy morena, bajita y con los ojos rasgados que lleva en el carrito un niño muy rubio.
Delante de ella físicamente, en la vida y en la pescadería, hay otra mujer que no cumplirá los 60 y que no levanta la vista del rodaballo mientras habla con el pescadero.
-Salmonetes.
-¿Cuántos? -dice él.
-Medio kilo. Como vivo sola...
-¿Algo más?
-Dos gallos.
-¿Éstos?
-No, algo más pequeños, son para mí. De ración. Como vivo sola...
-¿Les quito la cabeza?
-Sí.
-¿Alguna cosita más?
-Merluza. Media.
-¿En rodajas?
-Me la preparo a la romana. Tendré para tres días. Como vivo sola...
La señora no mira a ninguno de los demás que estamos esperando. Sólo mira al rodaballo. Tampoco mira al dependiente. Excepto en el momento de poner la mercancía en el peso, por una suerte de reflejo fiscalizador y antiguo. Autodefensa.
Intercambia la información justa con el hombre que la sirve mientras mantiene una conversación mucho más profunda con ella misma. El pescadero no debe oírla siquiera. Ha desarrollado ese reflejo para sobrevivir, igual que los barman.
Me fijo y antes de coger el último paquete vuelve a decir que vive sola.
Intento adivinar en su rostro si la letanía era un grito o un poema. O un poema-grito. O un grito-poema.
Pienso por un momento que vivimos en un mundo raro. ¿Por qué se llevará esa señora tanto pescado? ¿Miedo al colesterol? ¿Un congelador grande? ¿Reservas por si definitivamente nieva en Madrid? ¿O quiere estar preparada por si aparece un invitado de repente?
Vivimos en un mundo raro, donde el que tiene más probabilidades de interesarse, aplaudir o darle un beso, de todos los que estamos en Caprabo esta mañana, es el rodaballo.
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
martes, 30 de enero de 2007
lunes, 29 de enero de 2007
Crionización
Anoche hizo un frío de mil demonios en Madrid.
Se nos olvidó la tortuga en la terraza y esta mañana la he encontrado hecha un cubito.
Me gustaria que fuese una hipérbole pero no. Un cubito de hielo, literal.
Las patas traseras extendidas. Las delanteras y la cabeza dentro del caparazón.
Los ojos cerrados.
He agitado su pecera por ver si era una capa de hielo superficial con agua debajo. Negativo. Más bien un bloque compacto.
La he descubierto yo. No he avisado a C.
He levantado la vista al cielo buscando a Darwin, para preguntarle si Kika tiene genes ganadores o normalitos. Mientras, llenaba la jarra de agua caliente.
He echado la jarra de agua caliente sobre el hielo del tortuguero y lo he derretido. Han transcurrido unos segundos larguísimos en los que he recordado que los nazis hicieron experimentos con judíos en los Alpes para observar cómo sucede la muerte por congelación. No sé si lo leí o me lo contaron, pero tengo grabado que los prisioneros se quitaban la ropa con sus últimas fuerzas y solían morir desnudos sobre la nieve. Sonriendo como si les hubiese parecido gracioso o relajante. Por eso quizá lo de tener las patas fuera y la cabeza dentro... que se quería quitar el caparazón, la pobre, como si fuera un jersey.
Al poco se ha movido.
Primero una pata y luego la cabeza. Ha tardado en sacar las patas delanteras.
¡¡¡Kika, una tortuga de California de 3 años de edad, ha sobrevivido a la congelación!!! ¿Debería llamar a los que tienen a Walt Disney para contarles lo de la jarra de agua caliente? A lo mejor no tienen idea de como descogelarlo, si poco a poco, o de sopetón ¿O llamo al Guinness, me cubro de gloria y que le den a los que cuidan del tío Walt? Que lo mismo si sale bien parado de la descongelación vuelve a hacer Bambi, el muy capullo.
Que se mueva por la pecera no me quita la culpa. Le traigo sus gambas favoritas. Microgambas.
Come un par de ellas. Pienso en si tendrá daños cerebrales.
Lo bueno de ser tortuga es que por grande que sea la lesión cerebral nunca te afecta al lenguaje. Ni al cálculo matemático. Ni pierdes la habilidad de conducir. Y si pierdes el control de los esfínteres nadie lo nota. Si te da por dar vueltas a la habitación (tortuguero) no te dan la brasa con terapia, ni te someten a electroshock, ni te dan pastillas. En cualquier caso es practicamente seguro que el hielo le ha dañado el cerebro, se lo noto. Más concretamente el sistéma simpático. Para quien no controle mucho de neurología diré que el sistema simpático es el que permite hacer las cosas divertidas: saltar a la comba, contar chistes, jugar al parchis, bailar... en el caso de las tortugas afecta al rito de apareamiento y por dónde atacar la gamba, poco más.
Si alguna vez pierdo la cabeza por senilidad o accidente bascular (que me caigo de la báscula) No, quería decir vascular. Si me pasa, pónganme un caparazón y déjenme vivir en un terrario, a mi manera.
A la vuelta de mis desvaríos Kika se ha zampado la mitad de las gambas y nada (del verbo nadar) feliz.
¿Y si la crionización rejuvenece?
Desde luego a los calabacines no.
Se nos olvidó la tortuga en la terraza y esta mañana la he encontrado hecha un cubito.
Me gustaria que fuese una hipérbole pero no. Un cubito de hielo, literal.
Las patas traseras extendidas. Las delanteras y la cabeza dentro del caparazón.
Los ojos cerrados.
He agitado su pecera por ver si era una capa de hielo superficial con agua debajo. Negativo. Más bien un bloque compacto.
La he descubierto yo. No he avisado a C.
He levantado la vista al cielo buscando a Darwin, para preguntarle si Kika tiene genes ganadores o normalitos. Mientras, llenaba la jarra de agua caliente.
He echado la jarra de agua caliente sobre el hielo del tortuguero y lo he derretido. Han transcurrido unos segundos larguísimos en los que he recordado que los nazis hicieron experimentos con judíos en los Alpes para observar cómo sucede la muerte por congelación. No sé si lo leí o me lo contaron, pero tengo grabado que los prisioneros se quitaban la ropa con sus últimas fuerzas y solían morir desnudos sobre la nieve. Sonriendo como si les hubiese parecido gracioso o relajante. Por eso quizá lo de tener las patas fuera y la cabeza dentro... que se quería quitar el caparazón, la pobre, como si fuera un jersey.
Al poco se ha movido.
Primero una pata y luego la cabeza. Ha tardado en sacar las patas delanteras.
¡¡¡Kika, una tortuga de California de 3 años de edad, ha sobrevivido a la congelación!!! ¿Debería llamar a los que tienen a Walt Disney para contarles lo de la jarra de agua caliente? A lo mejor no tienen idea de como descogelarlo, si poco a poco, o de sopetón ¿O llamo al Guinness, me cubro de gloria y que le den a los que cuidan del tío Walt? Que lo mismo si sale bien parado de la descongelación vuelve a hacer Bambi, el muy capullo.
Que se mueva por la pecera no me quita la culpa. Le traigo sus gambas favoritas. Microgambas.
Come un par de ellas. Pienso en si tendrá daños cerebrales.
Lo bueno de ser tortuga es que por grande que sea la lesión cerebral nunca te afecta al lenguaje. Ni al cálculo matemático. Ni pierdes la habilidad de conducir. Y si pierdes el control de los esfínteres nadie lo nota. Si te da por dar vueltas a la habitación (tortuguero) no te dan la brasa con terapia, ni te someten a electroshock, ni te dan pastillas. En cualquier caso es practicamente seguro que el hielo le ha dañado el cerebro, se lo noto. Más concretamente el sistéma simpático. Para quien no controle mucho de neurología diré que el sistema simpático es el que permite hacer las cosas divertidas: saltar a la comba, contar chistes, jugar al parchis, bailar... en el caso de las tortugas afecta al rito de apareamiento y por dónde atacar la gamba, poco más.
Si alguna vez pierdo la cabeza por senilidad o accidente bascular (que me caigo de la báscula) No, quería decir vascular. Si me pasa, pónganme un caparazón y déjenme vivir en un terrario, a mi manera.
A la vuelta de mis desvaríos Kika se ha zampado la mitad de las gambas y nada (del verbo nadar) feliz.
¿Y si la crionización rejuvenece?
Desde luego a los calabacines no.
sábado, 27 de enero de 2007
La Risa
La Risa debería estar consagrada en la Constitución como un derecho fundamental. Como la vivienda o la libertad o la igualdad ante la ley. En vez de tantos artículos farragosos que no se usan o que se usan sólo para abusar, que pongan uno dedicado a la risa.
No, como un derecho no, mejor como una obligación. Todos los españoles estarán obligados a reírse (un poco más allá de sus posibilidades).
Y la RAE debería obligar a escribirla con mayúscula como se escribe Dios, o Sol o Tierra.
En los colegios debería ser una asignatura. En vez de Religión, Risa, que también empieza por erre y hace más falta. Aprender a reírse, aprender que la risa es importante. Introducción a la Risa, Historia de la Risa, Risa y Salud, Lo que nos hace reír... Me ofrezco a hacer el temario. Habría que conocer la geografía de la risa antes de conocer los ríos y los montes de nuestro país. Y en vez de los Reyes Godos aprenderse a los doce cómicos más importantes de nuestra historia. Nos hemos pasado la vida estudiando a gente demasiado seria en poses demasiado serias. Díganme algún retrato de un rey español riendo o mofándose. ¡Y mira que está el Prado lleno!
En la historia de la Biblia hay momentos de castigo, de dolor angustioso, pero no hay momentos de hilaridad. Como mucho esa cosa que los curas llaman gozo espiritual, que debe ser algo así como tener muchas ganas muchas ganas de reírte y aguantártelas en nombre de Dios y que te salga solo una sonrisa beata.
Le ponemos a las calles nombres de batalladores poco piadosos pero no les ponemos nombres de humoristas. Los méritos de la mayoría de nuestros hombres ilustres han costado la vida de muchas personas (no entro en si eran buenos o eran malos) Bueno, es que las buenas personas en en general no tienen calle (salvo honrosas excepciones y excentricidades consistoriales). Esto se solucionaría haciendo pasar a los que mandan, a ellos los primeros, por el artículo de la Constitución que obliga a reírse.
Estoy pensando en que cuando te ríes, sale el sol, brotan las fuentes y sube un par de grados la temperatura.
La tuya porque te ríes y la mía porque te escucho.
Viceversa cuando me río yo.
¿Lo notas?
No, como un derecho no, mejor como una obligación. Todos los españoles estarán obligados a reírse (un poco más allá de sus posibilidades).
Y la RAE debería obligar a escribirla con mayúscula como se escribe Dios, o Sol o Tierra.
En los colegios debería ser una asignatura. En vez de Religión, Risa, que también empieza por erre y hace más falta. Aprender a reírse, aprender que la risa es importante. Introducción a la Risa, Historia de la Risa, Risa y Salud, Lo que nos hace reír... Me ofrezco a hacer el temario. Habría que conocer la geografía de la risa antes de conocer los ríos y los montes de nuestro país. Y en vez de los Reyes Godos aprenderse a los doce cómicos más importantes de nuestra historia. Nos hemos pasado la vida estudiando a gente demasiado seria en poses demasiado serias. Díganme algún retrato de un rey español riendo o mofándose. ¡Y mira que está el Prado lleno!
En la historia de la Biblia hay momentos de castigo, de dolor angustioso, pero no hay momentos de hilaridad. Como mucho esa cosa que los curas llaman gozo espiritual, que debe ser algo así como tener muchas ganas muchas ganas de reírte y aguantártelas en nombre de Dios y que te salga solo una sonrisa beata.
Le ponemos a las calles nombres de batalladores poco piadosos pero no les ponemos nombres de humoristas. Los méritos de la mayoría de nuestros hombres ilustres han costado la vida de muchas personas (no entro en si eran buenos o eran malos) Bueno, es que las buenas personas en en general no tienen calle (salvo honrosas excepciones y excentricidades consistoriales). Esto se solucionaría haciendo pasar a los que mandan, a ellos los primeros, por el artículo de la Constitución que obliga a reírse.
Estoy pensando en que cuando te ríes, sale el sol, brotan las fuentes y sube un par de grados la temperatura.
La tuya porque te ríes y la mía porque te escucho.
Viceversa cuando me río yo.
¿Lo notas?
viernes, 26 de enero de 2007
Trascendencia

¿Para qué estamos aquí? ¿Alguien lo sabe?
He recorrido el Paseo del Prado esta mañana. Hacía sol y frío.
He encontrado fuentes maravillosas en las que nunca había reparado. Árboles magníficos, con un porte que emocionaba.
Ese chopo seguirá ahí mucho después de que yo me haya ido, probablemente vio caer bombas en Madrid. Yo no.

La piedra, el agua y el árbol son más discretos, se dan menos importancia que nosotros.
¿Por qué, con lo poquita cosa que somos, albergamos ese sentimiento de trascendencia?

Digo esto porque a las 9 y media se me ha cruzado una llamada telefónica aviesa, una frase amenazaba con estropearme la mañana. Por eso me he ido al Paseo de Prado. A sentir el sol y el frío. A desear ser agua, o piedra o árbol. Y que me resbalen las pequeñas contrariedades cotidianas.

Lo he conseguido más o menos.
jueves, 25 de enero de 2007
La tortuga
Si yo fuera tortuga de California me gustaría ver nevar.
Eso pienso mientras saco el tortuguero a la terraza.
El año pasado tuvo mala suerte y la noche que nevó yo la tenía dentro. Se lo perdió, la pobre.
Pero hoy el Telediario ha dicho que esta noche nevará en Madrid (con mucha probabilidad).
Como yo estaré dormido... por lo menos que lo disfrute ella.
Eso pienso mientras saco el tortuguero a la terraza.
El año pasado tuvo mala suerte y la noche que nevó yo la tenía dentro. Se lo perdió, la pobre.
Pero hoy el Telediario ha dicho que esta noche nevará en Madrid (con mucha probabilidad).
Como yo estaré dormido... por lo menos que lo disfrute ella.
miércoles, 24 de enero de 2007
Es que lo digo en inglés, ¿pasa algo?
En los días aciagos de Londres -ya menos- se producen momentos de esos que uno guardará en la memoria el resto de su vida.
Cuando era pequeño, en Argentina jugaba con mi hermano a una cosa bastante estúpida que le he enseñado a mis hijas y les hace mucha gracia. Se le señalaba -ya sé que está mal señalar- a cualquier persona el pecho, se le decía que tenía algo y cuando bajaba la vista se subía la mano y se decía: "Chincha, poroto".
Hete aquí que a C. le va la marcha y lo hace en su cole. En Londres. Mira a sus coleguitas de patio y les dice: "You have a spider in your t-shirt", cuenta sonriendo. ¿Cómo traduce el resto? Sencillo: "Chinchau, pouroutouuuu... Es que lo digo en inglés".
Cuando era pequeño, en Argentina jugaba con mi hermano a una cosa bastante estúpida que le he enseñado a mis hijas y les hace mucha gracia. Se le señalaba -ya sé que está mal señalar- a cualquier persona el pecho, se le decía que tenía algo y cuando bajaba la vista se subía la mano y se decía: "Chincha, poroto".
Hete aquí que a C. le va la marcha y lo hace en su cole. En Londres. Mira a sus coleguitas de patio y les dice: "You have a spider in your t-shirt", cuenta sonriendo. ¿Cómo traduce el resto? Sencillo: "Chinchau, pouroutouuuu... Es que lo digo en inglés".
martes, 23 de enero de 2007
Coherencia
Desde pequeño mi padre me insistió en que debía ser coherente. Que si elegía hacer algo, tenía que hacerlo bien, y acabarlo. Que si tomaba un camino tenía que seguirlo hasta sus últimas consecuencias. Él era recto y constante.
A mis treintaymuchos miro hacia atrás y pienso que sí.
Porque aunque nos resistamos, acabamos interiorizando los discursos y los ejemplos de nuestros padres. Es verdad, también, y de alguna manera, que los adaptamos a los tiempos y a las circunstancias. Se podría decir que los revisamos y los corregimos, como se hace con los diccionarios.
Después de un examen de conciencia riguroso, llego a la conclusión de que yo siempre he sido consecuente con mis dudas, siempre he sido fiel a mis contradicciones. Y mi manera escrupulosa de sopesar todas las posibilidades antes de tomar una decisión, ha hecho que tomara pocas y las revisara al menor signo de error, y volviera al principio, a reiniciar el proceso, si detectaba algún vicio en el contenido o la forma.
Soy coherente con mi naturaleza errante. Justo como mi padre quería.
A mis treintaymuchos miro hacia atrás y pienso que sí.
Porque aunque nos resistamos, acabamos interiorizando los discursos y los ejemplos de nuestros padres. Es verdad, también, y de alguna manera, que los adaptamos a los tiempos y a las circunstancias. Se podría decir que los revisamos y los corregimos, como se hace con los diccionarios.
Después de un examen de conciencia riguroso, llego a la conclusión de que yo siempre he sido consecuente con mis dudas, siempre he sido fiel a mis contradicciones. Y mi manera escrupulosa de sopesar todas las posibilidades antes de tomar una decisión, ha hecho que tomara pocas y las revisara al menor signo de error, y volviera al principio, a reiniciar el proceso, si detectaba algún vicio en el contenido o la forma.
Soy coherente con mi naturaleza errante. Justo como mi padre quería.
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