domingo, 27 de enero de 2008

Y.

Desde que terminé la era del aburrimiento he tenido muchos encuentros curiosos. Vivir en pareja no favorece los encuentros y, cuando se producen, están muy mediatizados por las circunstancias parejiles. Esto no es ni bueno ni malo, yo lo apunto, nada más.

Cuando digo encuentros quiero decir exactamente encuentros, concretamente me refiero a encuentros con personas, sean éstas personas chicas o personas chicos.

Uno de esos encuentros ha sido con Y. Y es uno de los encuentros más raros de mi vida. Y -tengo que reconocerlo- me encanta. Me encanta cómo ha transcurrido y lo raro que ha sido todo. Me encanta por liviano, por impreciso...

Nos hemos visto 3 veces.

La primera, fiestas de Latina. Pienso: Qué orquesta tan mala, que chica tan flaca.

La segunda, fiesta en Olivar. Foto de sus pies, que sonrisa tan grande.

La tercera, no hablamos, la veo hablar con otra gente, luego se sienta detrás de mí y la escucho de vez en cuando tararear. Yo toco.

Hemos hablado otras 4.

La primera estaba furiosa, Y: "¡¡quién te ha dado mi teléfono!!", Yo: "Uy, perdón, perdón".

La segunda, "te invito a mi fiesta", "no".

La tercera, "te invito a mi fiesta", "que no".

La cuarta, "te invito a mi fiesta", "bueno, vale".

Después no tuve la oportunidad de decirle que gracias por venir, y que el nuestro era uno de los encuentros más raros de ni vida.

Por liviano y por impreciso.

Pero siendo yo de palabras, y ella, hasta donde sé, locuaz, no hubo manera.

Que todo esto pasó hace unos meses. Que el tiempo podría haberlo sepultado, no le habría costado nada siendo tan liviano y tan impreciso. Pero justo esta tarde se me ha venido a la cabeza y lo he escrito.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que aún tardaré días, puede que semanas, en olvidar el primer y el segundo párrafo.
Me voy a darle vueltas también al café.

oycor dijo...

Cómo te gusta provocar... Incorregible.