Se levantó de la cama de repente.
Desnuda excepto por unas braguitas. Al poco noté ese abismo que deja la mujer a la que uno ha amado antes de dormir cuando se ausenta, y me desperté.
La seguí.
En la cocina, iluminada sólo por la luz de la nevera, bebía a morro de la botella del gazpacho.
--Necesitaba algo fresquito y con vitaminas-- se excuso.
Sonrío de tal manera que un escalofrío de cuchillo recorrió mi espina dorsal.
Pensé en Transilvania, en ajos, en cruces, en colmillos afilados... en muertes, en resurrecciones y en eternas juventudes. Y mientras me llevaba de vuelta a la cama, pensé que las dos empiezan con "v": "vampiresa" y "vegetariana".
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
martes, 29 de junio de 2010
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