martes, 10 de junio de 2008

Qué pereza

Hay dos tipos de personas.

Unas se adaptan a lo que venga, aprovechan y disfrutan de lo que les toca. Les vale el norte y el sur, el invierno y el verano. Pueden comprar en Dia o en una delicatessen. Carne o pescado, lluvia o sol.

Otros van por la vida con un zapato como el de Cenicienta y rechazan por sistema a todo príncipe que no gaste un 43. Sea éste azul, verde o amarillo. Las cosas son de una manera. La realidad tiene que adaptarse a ellos, con vaselina o a golpes, no puede ser de otra forma.

Uf, qué pereza.

lunes, 9 de junio de 2008

Sin Título

Cuando uno anda jodido resulta asombrosamente fácil escribir.
Hoy, en cambio, no hay manera.

sábado, 7 de junio de 2008

Tu risa

Llego tarde, y nos ponemos a hablar como si no pasara nada.
Como si pasara todo.
Como si fuera temprano.
Como si fuera ayer...

Eliges canciones que sabes que queman
y yo, con disimulo, voy amordazando enanitos dentro.
Para que no griten,
para que no salten,
para que no se me vengan a la boca.

Esa paz que me inyectan tus cuidados
y esa certeza de que empieza mi vida
en el instante justo en que vuela tu risa.

jueves, 5 de junio de 2008

Entendimiento

Estamos sentados en la barra de un pub lúgubre. Un gin tonic cada uno.

Le tengo por sabio. Piloto experto de aeroplanos sin timón, navegante curtido en cien tormentas. Nunca se engaña en las cosas importantes.

Me dice:

Cuando te entiendes con alguien la lógica y sus aparatos no hacen falta. Porque una buena sintonía pasa por encima de incongruencias, contradicciones e inexactitudes.

Cuando no te entiendes con alguien la lógica y sus aparatos no ayudan a superar las diferencias y los roces. Se diria que, muy al contrario, tienden a aumentar la distancia.

En este mundo prosaico y banal, en el que la razón está tan sobrevalorada, se tiende a pensar que la buena comunicación y la razón nos ayudan a entendernos. Pero eso es una falsedad, el entendimiento es espontáneo, no obedece reglas y no tiene nada que ver con la razón.

Así que, por favor, no jodas una buena química intentando analizarla.

martes, 3 de junio de 2008

Ficción

Sólo hay dos maneras de estar: o rodeado de mentiras o rodeado de incertidumbre. O mentiras o dudas. Las mentiras nos las montamos nosotros como los muebles de IKEA. Las incertidumbres crecen solas, como crece la hierba o como crece el mar. Abres los ojos y las ves, no hay más.

Siempre me han dado pena los tipos que cenan solos en un restaurante. Cuanto más caro más pena. Porque si ves a alguien solo en un burguerkín te parece provisional. Pero en uno de a 100 euros el cubierto... eso tiene peor arreglo. Que es indefinido, que se ha rendido, que se ha cansado de esperar.

Estamos solos, lo decía Fromm (y tantos otros). Está solo el tipo del restaurante y tú y yo. Aunque tengas novia o gato, estás solo, que lo sepas. A lo largo de nuestra vida tenemos pasajes en que nos llena la ilusoria sensación de estar acompañados. Ja, ja, ja. Al principio es nuestra madre, luego nuestros amigos, luego un amor (el amor resulta ser un psicotrópico estupendo para borrar la soledad, pero dura lo que dura. Siempre poco). También cumplen la función de aplacar la sensación existencial de soledad los otros 49999 espectadores del estadio y el perro ése que compraste para que alguien necesitara que lo sacases a mear. Pero ésta, como tantas otras ilusiones, pasa, se desvanece. Y un día te asomas a la vida, una noche cualquiera de un martes cualquiera y te aborda la soledad, la heavy-metal, la auténtica, la de toda la vida. Como un mendigo pidiendo un pitillo. "O te buscas una cohartada o aquí estoy, para quedarme".

Porque la única certeza es que estamos solos. Irremediablemente solos. Más vale que te acostumbres. Y lo demás son ficciones, ilusiones. Mentiras. De colores, estampadas, de alta costura o pret a porter. Dulces mentiras.

Me he sentado en una mesa según se entra a la derecha. Los martes no hace falta reservar. He pedido tartar de atún rojo con pistachos y patatas fritas. De postre: dulce de fruta de la pasión con chocolate blanco y jenjibre. Más que otra cosa, por el nombre. Las servilletas eran de tela, así que he tenido que sacar la libreta para escribir este post. Me he acordado de Paul Auster, no sé por qué. Al terminar el postre se ha acercado el camarero: le apetecen un habano y un orujo de la Liébana como siempre señor R. y le he contestado: "sí, por favor, a ver si de una vez se dan cuenta mis lectores de que todo, pero todo todo en este blog, es mentira, es ficción."

domingo, 1 de junio de 2008

La frase

Hablo con mi amigo M. por teléfono.
Acabamos riéndonos, como casi siempre.
Recuerdo con especial cariño alguna caña en los momentos duros.
La agradezco, desde aquí.

Él siempre deja caer alguna perlita.
En este caso una frase sacada de algún libro.
Me he empeñado en recordarla textualmente y se me ha escapado el autor.

Vaya, también se me ha escapado la frase.

No importa, era muy buena, volverá.

Escribiendo en la cama

Estoy escribiendo en la cama. Tú duermes. Hace mucho calor esta primera noche del verano. Es por eso que has apartado la colcha de un...