H. no le pregunta cómo está. Aunque sabe que no está bien. No porque no le importe sino porque él es así.
H. no le dice nunca te echo de menos o te quiero, no porque no lo sienta sino porque él es así.
H. no dedica tiempo a preparar una sorpresa o elegir un regalo. No es porque no la quiera sino porque esas tonterías son formalidades y excentricidades que nada tienen que ver con los sentimientos verdaderos.
H. no le acaricia el pelo, y no es porque no piense que su pelo es dulce de acariciar, no es porque a ella no le guste, sino porque no le sale.
A H. no le salen ni las palabras, ni los mimos, ni las sorpresas, ni las caricias, ni los regalos, ni las llamadas inesperadas, ni los mensajes breves y cómpllices, ni el te invito a cenar esta noche, ni el estás súper guapa esta mañana, ni el me he acordado de ti, ni... pero H. tiene dentro un sentimiento inmenso, de una calidad exquisita.
Nadie lo duda, aunque nadie lo ha visto, él dice que es así.
A M., el hijo de H., le suspendieron matemáticas en junio. Se lo sabía todo, pero no escribió
nada en el examen.
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
lunes, 28 de julio de 2008
domingo, 27 de julio de 2008
Me encuentro
La mitad de la literatuura que me meto al cuerpo es de temas relacionados con la mente. Y, no nos engañemos, los libros sobre la mente no son precisamente catálogos de sus prodigios. Están llenos de desviaciones y enfermedades.
Como soy un tipo reflexivo que lee muchos libros sobre la mente no puedo dejar de preguntarme ¿por qué? Qué me lleva a mí a meterme en esos berenjenales.
Pues porque yo me noto algo raro. Y me lo he notado siempre, no se crean. Y me busco como un poseso entre esas páginas, entre los síndromes de Tourette, las psicosis, las neurosis, las fobias... pero lo peor no es que me busque.
Lo peor es que me encuentro.
Como soy un tipo reflexivo que lee muchos libros sobre la mente no puedo dejar de preguntarme ¿por qué? Qué me lleva a mí a meterme en esos berenjenales.
Pues porque yo me noto algo raro. Y me lo he notado siempre, no se crean. Y me busco como un poseso entre esas páginas, entre los síndromes de Tourette, las psicosis, las neurosis, las fobias... pero lo peor no es que me busque.
Lo peor es que me encuentro.
miércoles, 23 de julio de 2008
Dios
Sale uno mejor persona de un buen concierto, o de una buena exposición o de una buena obra de teatro.
Lo notan el cuerpo, el alma y los demás cuerpos y las demás almas.
Yo debo tener un yo profundo muy imperfecto y perverso porque necesito exponerme mucho a la belleza para sentirme bien como persona.
De entre las artes tiene la música una capacidad purificadora singular. Y casi nadie puede resistirse al influjo de una voz o un instrumento.
Atribuyen a Beethoven una frase: la música es la voz de Dios.
Yo a Dios no sé verlo, pero lo escucho con nitidez.
Lo notan el cuerpo, el alma y los demás cuerpos y las demás almas.
Yo debo tener un yo profundo muy imperfecto y perverso porque necesito exponerme mucho a la belleza para sentirme bien como persona.
De entre las artes tiene la música una capacidad purificadora singular. Y casi nadie puede resistirse al influjo de una voz o un instrumento.
Atribuyen a Beethoven una frase: la música es la voz de Dios.
Yo a Dios no sé verlo, pero lo escucho con nitidez.
lunes, 21 de julio de 2008
Mano Sentimental
domingo, 20 de julio de 2008
¿Tú qué ves?
domingo, 13 de julio de 2008
Termita
Si yo fuera termita preferiría serlo en un barco.
Un barco de los de antes, claro. No te ha de faltar la comida, viajas por todo el mundo. Tienes buenas vistas, que incluyen atardeceres y amaneceres espectaculares.
Si yo fuera termita en un barco me pediría el palo mayor. Cuanto más alto mejor. Y a las razones de antes añadiría la emoción. ¿Sería mi propia voracidad capaz de acabar con mi manjar, mi sitio en el mundo... porque si parte el palo mayor se acabó todo.
Me quedo pensativa un rato como termita.
Me quedo pensativo otro como escritor.
Pero resuelvo: que le den a las vigas mugrientas de las casas, yo prefiero el palo mayor.
Un barco de los de antes, claro. No te ha de faltar la comida, viajas por todo el mundo. Tienes buenas vistas, que incluyen atardeceres y amaneceres espectaculares.
Si yo fuera termita en un barco me pediría el palo mayor. Cuanto más alto mejor. Y a las razones de antes añadiría la emoción. ¿Sería mi propia voracidad capaz de acabar con mi manjar, mi sitio en el mundo... porque si parte el palo mayor se acabó todo.
Me quedo pensativa un rato como termita.
Me quedo pensativo otro como escritor.
Pero resuelvo: que le den a las vigas mugrientas de las casas, yo prefiero el palo mayor.
sábado, 12 de julio de 2008
El alambre
Andar por el alambre.
Fumarse el amor y saborear a fondo lo que dure.
Cambiando el pitillo de una boca a otra.
Compartir.
Sabe más rico a medias, aunque toque la mitad.
Prefiero media cama que una entera.
Andar por el alambre.
Y pienso que pareja y equilibrismo riman. Aunque no acaben igual.
Bueno, sí, a veces acaban igual, en el suelo.
-Te ha salido muy bien
-Es que es la historia de mi vida.
-¿Y tú que personaje eres?
-El que siempre pierde.
Fumarse el amor y saborear a fondo lo que dure.
Cambiando el pitillo de una boca a otra.
Compartir.
Sabe más rico a medias, aunque toque la mitad.
Prefiero media cama que una entera.
Andar por el alambre.
Y pienso que pareja y equilibrismo riman. Aunque no acaben igual.
Bueno, sí, a veces acaban igual, en el suelo.
-Te ha salido muy bien
-Es que es la historia de mi vida.
-¿Y tú que personaje eres?
-El que siempre pierde.
viernes, 11 de julio de 2008
Lo leí en algún sitio
"Hacia la mitad del camino de mi vida, una mujer bellísima y muy inteligente con la que había tenido escasos días de intimidad me dijo mirándome con su mirada inolvidable: 'A ti no se te puede destruir Fernando. Tú ya estás destruido".
Fernando Fernán Gómez
Fernando Fernán Gómez
miércoles, 9 de julio de 2008
Adentro
Hay una paz infinita cuando el sol se pone.
Afuera.
El revuelo de la ciudad se aplaca. Deja de sonar el teléfono, bajan las luces. El ruido del exterior cesa y puedo escuchar los sonidos que vienen de debajo de la dermis. La sangre circulando por las venas, los distintos tubos digestivos contrayéndose y distendiéndose, las células reproduciéndose, las neuronas con sus químicas y sus físicas y el corazón toctoc, toctoc.
Hay una inmensa guerra cuando el sol de pone.
Adentro.
Porque me pueden la desazón por un lado y la curiosidad por otro, dejo en la mesa el yogur de frutas del bosque y bajo a buscar un fonendoscopio. Me tumbo de nuevo en la hamaca. Me amplifico. Intento escribir lo que escucho. Primero con un boligrafo, en un cuaderno pequeño de hojas lisas. Se puede escribir pero no hay quien lo entienda.
Elijo ahora papel pautado. Pongo la clave de sol, la armadura de si bemol y un cuatro por cuatro. Apunto. Es rocanrol, bolero, hiphop, jazz. Es modal, dodecafónico, atonal, gregoriano. Todo junto. Todo mezclado. Se puede escribir pero no hay quien lo entienda.
Dejo el cuaderno, la partitura y el fonendo. Aparco el boli junto al yogur de frutas del bosque. Cierro los ojos y rezo para que el canto de los grillos y el murmullo lejano de la M30 arrecien. Que prefiero el runrun de la ciudad. Que no quiero oir los mares revueltos, que me desquician.
Adentro.
Afuera.
El revuelo de la ciudad se aplaca. Deja de sonar el teléfono, bajan las luces. El ruido del exterior cesa y puedo escuchar los sonidos que vienen de debajo de la dermis. La sangre circulando por las venas, los distintos tubos digestivos contrayéndose y distendiéndose, las células reproduciéndose, las neuronas con sus químicas y sus físicas y el corazón toctoc, toctoc.
Hay una inmensa guerra cuando el sol de pone.
Adentro.
Porque me pueden la desazón por un lado y la curiosidad por otro, dejo en la mesa el yogur de frutas del bosque y bajo a buscar un fonendoscopio. Me tumbo de nuevo en la hamaca. Me amplifico. Intento escribir lo que escucho. Primero con un boligrafo, en un cuaderno pequeño de hojas lisas. Se puede escribir pero no hay quien lo entienda.
Elijo ahora papel pautado. Pongo la clave de sol, la armadura de si bemol y un cuatro por cuatro. Apunto. Es rocanrol, bolero, hiphop, jazz. Es modal, dodecafónico, atonal, gregoriano. Todo junto. Todo mezclado. Se puede escribir pero no hay quien lo entienda.
Dejo el cuaderno, la partitura y el fonendo. Aparco el boli junto al yogur de frutas del bosque. Cierro los ojos y rezo para que el canto de los grillos y el murmullo lejano de la M30 arrecien. Que prefiero el runrun de la ciudad. Que no quiero oir los mares revueltos, que me desquician.
Adentro.
lunes, 7 de julio de 2008
a2pies
viernes, 4 de julio de 2008
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Escribiendo en la cama
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