miércoles, 20 de julio de 2005

La digestión



1. las cosas que dije
2. lo que me callé
3. los deseos atrapados en los dedos
4. la brisa que bañaba las almohadas
5. el miedo
6. el mal tiempo
7. el gris que llegó de la calle
8. los presentimientos

Tengo ganas de aplastar el reloj con un martillo, para vengarme así de la insolencia de ese minutero. Darle el finiquito a la tristeza, llegar por fin a un acuerdo sobre la cuantía de su indemnización, despedirla de forma improcedente.

Tengo ganas de sacarme el veneno de una vieja mordedura, declarar inaugurado este pantano, ponerle nombre y apellidos a las lágrimas que quedaron atrapadas.

Yo era de esos niños que se quitaban la costra, metiendo la uña por el borde de la herida, apretando los dientes. Algunas veces debajo estaba la piel tierna y rosa. Promesas. Otras me precipitaba y aparecía un beso rojo como una gota de sangre.

-Sólo quiero de ti una cosa: todo.

Y ella pensó que era una frase bonita.

martes, 19 de julio de 2005

Marina

Hola Marina,
soy los lazos que te cogen la muñeca,
soy el aire que toca tus hombros,
las curvas de tu pelo,
el insecto que intentas atrapar
con esa ventana pequeña
que sujetas con dos manos.

lunes, 18 de julio de 2005

Pinchos



Un día un hombre elevó una lanza contra el cielo.
Luego la dejó quieta, apuntando hacia arriba.
Después no había edificio muy importante, medio importante o poco importante que no tuviera su pincho o varios pinchos dirigidos al cielo.
No se sabe si aquel hombre elevó su lanza para defenderse o para atacar.
No se sabe si fue por arrogancia o por miedo.
No estoy seguro de que esos espinos oxidados puedan nada contra las tormentas, los soles inclementes o el viento del norte. Pero si yo fuera cielo preferiría yacer en una bahía en calma, o en un océano arrugado antes que sobre una ciudad.
Eso sí, teniendo cuidado de no clavarme los veleros.

domingo, 17 de julio de 2005

Daniel y yo

El viernes pasado quiso el destino que coincidiéramos Daniel Barenboim y yo en la Plaza Mayor de Madrid. A los dos nos había encargado un bolo el Ayuntamiento. Ahí se acaban las coincidencias. Bueno, no, hay otra: como todo el mundo sabe Daniel y yo somos músicos. Él tiene la ventaja del apellido, muy muy musical, Baremboin suena a redoble de timbales, no me digáis que no. El mío en cambio suena a embutido, yo habría tenido más futuro en el ámbito de la charcutería, pero no me importa, apechugo con mis carencias e intento superarlas con ánimo y trabajo.

Yo le envidio a Daniel el oído. Y él a mí la edad. Muchas veces me dice: joder tronco, si yo tuviera 35... (es una traducción libre, porque Daniel y yo hablamos en alemán, normalmente). Yo pienso: te jodes como Herodes, pero le digo: Ay Daniel, si yo tuviera tu oído... Por no desanimarlo.


Llegué a la Casa de la Panadería y un maromo de casi dos metros de estatura, muy aseado, con un auricular (pensé en un primer momento que estaría escuchando el partido, pero ayer no había partido) me dijo que no se podía pasar. Podía haberle explicado mi relación con Daniel pero opté por algo más rápido, decirle que trabajaba en lo de Alatriste. Estos chicos tienen un nivel de inteligencia muy elevado, pero les pagan para que lo disimulen celosamente, así que le tuve que echar una mano.
-¿No te han dado una lista de personas autorizadas, machote?
Lo de machote fue adrede, halagar la virilidad suele dar muy buenos resultados, a mí me lo hacen mis amantes y yo se lo hago a los seguretas. Mi nombre estaba en la lista y él solito fue capaz de encontrarlo. Lo felicité efusivamente y subí al cuarto piso.

Como camerino, un despacho abandonado es cutre, pero hay que reconocer que éste tiene unas vistas increibles. Desde ahí saqué la foto que ilustra este post y que demuestra la injusticia de que había muchísima gente de pie y, a la vez, asientos libres, en la zona de invitados. Eso está muy feo, y es más propio de la época feudal que de un alcalde enrollao en 2005.

sábado, 16 de julio de 2005

Avión

Me gustan los aviones. He hecho un vuelo magnífico hacia una parte del mundo que si no vas te crees que no existe. Siempre me pasa lo mismo con estos viajes largos. Llegas, miras, escuchas y empiezas a pensar, que es una costumbre que llevo mucho tiempo tratanto de quitarme de la cabeza. ¿Qué pienso? Que esa gente duerme cuando tu cenas, desayuna cuando tu duermes, trabaja cuando tu te desperezas... Te llevan seis horas de ventaja. Vamos, que el hombre llegó a la Luna allí antes que aquí, y eso es terrible, la verdad.

Me gustan los aviones. Uno se metió a fumar en el baño y casi le abren la puerta para que se fuera, pero ablandó el corazón del sobrecargo cuando le dijo que a 12.000 metros de altura no se orientaba lo suficiente, que otra cosa sería que lo echaran a 7.634, que empieza a serle todo más reconocible porque de cerca ve mejor.

Me gustan los aviones. En primera van tumbados y en segunda (tercera, incluso) practicamos una serie de movimientos sensuales antes de encontrar la postura, lo cual se produce justo cuando te traen la cena o el desayuno.

Me gustan los aviones. ¿Lo he dicho?

La cena

Quedo a cenar con una amiga. Dos horas y media de cena, en concreto. Un helado de yogur búlgaro pone el punto final. Me caigo de sueño. Es miércoles y siento cierto aburrimiento. No soy el que era.

viernes, 15 de julio de 2005

F.

Los amigos no deben hace ciertas cosas. Una de ellas es derribar a tus mitos. Fanny Ardant, sin ir más lejos que dos post más abajo. Resulta que va O. y me cuenta que la ha visto chupando el cuchillo. Yo sé que la Ardant debe chupar el cuchillo como nadie, porque cuando una persona tiene la boca que tiene ella es por algo. Pero me ha sumido en una dicotomía de la que no puedo salir: Fanny Ardant o mi aversión hacia las/los que chupan el cuchillo. Esa es la cuestión.
Podría hacerme el despistado: no he leído nada porque estoy tan atareado en estos días pre vacacionales que ni al blog entro, oye. Pero, no. He entrado. Y he visto a Fanny Ardant chupando el cuchillo. Y me da igual que fuera después de comerse un delicioso y deconstruido plato en 10 bocados. No me ha hecho efecto. Cierro los ojos y la veo, increíble, lanzando bocados al aire. Pienso que alguno me tocará y... debo dejar de escribir.

Escribiendo en la cama

Estoy escribiendo en la cama. Tú duermes. Hace mucho calor esta primera noche del verano. Es por eso que has apartado la colcha de un...