sábado, 31 de diciembre de 2005

Atentos, apunten, disparen

Son frecuentes las cámaras en la última cena del año.

Así que... atentos.

¡Apunten! ni al corazón, ni a la cabeza: a las manos. A las que pican del turrón antes de que empiece la cena, a las que pelan las uvas, a las que se limpian en el delantal, a las que sujetan la copa, o a las manos furtivas por debajo de la mesa.

¡Disparen! A ver cómo son las últimas manos del año. O las primeras -según se mire.

Salud, comenteros y hasta el año que viene.

viernes, 30 de diciembre de 2005

Resumen del año III

Se nos va este año desordenado y raro. Para mí desde luego el más desordenado y el más raro en mucho tiempo. Venga a pedir a gritos emociones y cambios... pues toma: me los dieron a espuertas en 2005.

El lunes mi estómago y mis intestinos dijeron basta, fue por la noche, estaba sólo en casa y mientras vomitaba nadie me sujetó la frente.

En un primer autodiagnóstico pensé en la tarta de la mujer de mi padre, esas natas de Termomix no pueden ser buenas. Sobre todo si te las comes tres días después. Luego pensé que se me habían indigestado las malditas fiestas, por el tipo de dolor, que era global. Se contraían mis abdominales y parecía que iban a salir por ahí los biberones de cuando era pequeño, la canica que me tragué y todos los huesos de todas las aceitunas de toda mi vida. Pero no, puede que influyera la nata, y quizá también tuvieron algo que ver las malditas fiestas, pero a mí se me había atragantado un trozo de la vida, lo que técnicamente se conoce como un rato. No ella por completo -eso te lleva a la UVI de cabeza- sino un instante, una espina de la vida. No sabía en qué momento exacto la ingerí, ni el tamaño, pero era un material rasposo y amargo, bastante tóxico. Es lo que tiene la vida, que casi siempre mata.

Al volver a la habitación unos cuantos fantasmas disfrazados de enfermera, entre sexys y macabros me acompañaron toda la noche. Me mostraban sus pechos desnudos con algunos gusanos, me pinchaban con agujas larguísimas, me echaban su aliento apestoso.
- Somos la brigada que atiende a los recién separados que viven solos. Te jodes. Ummmmmm qué rico -dijo la más procaz.
- Iros a la puta mierda, que estoy muy bien solito.
Todas se carcajearon.
- Creo que no has entendido nada. Túmbate, tenemos toda la noche para explicarte.

La cosa era audiovisual. A ratos incluso pirotécnica. Con los ojos abiertos no pasaba nada. Pero si los cerraba, el techo recién pintado se llenaba de manchas, de sombras... Incluso salieron goteras (¿cómo vas al seguro a que te reparen unas goteras que te han hecho unos fantasmas?) Pusieron todo perdido

Conseguí amanecer, era de esperar. Maltrecho, sin haber pegado ojo. Y como yo pensaba, los primeros rayos del sol espantaron a esos/as cabrones y limpiaron la habitación. Pasé todo el día durmiendo y en la neblina de la fiebre apareció una enfermerita, sin cualificación, de tan blanca casi transparente, con sus crucecitas rojas y su culo prieto (esto es fundamental para que uno pueda confiar en una enfermera). Con buen corazón y cofia de papel me hacía un agua de limón y me cocía un poquito de arroz.

Dormí ocho horas a saltos durante el día.

Dormi doce horas de un tirón durante la noche.

Y cuando me levanté al día siguiente, entumecido y débil, noté como si hubiera perdido de la misma tacada unas bacterias (o viruses, nunca sé), líquidos retenidos, humores malos, miedos varios y hasta un poso de melancolía caducado y apestoso que se me había caído detrás de los muebles del alma. Me sentía maravillosamente vacío. Glorioso. No sé si en términos absolutos o por comparación, para esto hay que esperar la cuarentena.

Unas pocas manzanas después todo en su sitio otra vez.

Casi todo. Porque me han salido unas ramitas nuevas, unos brotes, incluso un par de florecillas en el sobaco. Parezco una alegoría de la primavera naif, gordita y peluda. Y así voy a despedir el año, brillando.

No puedo decir que este año haya sido malo. Desordenado y raro sí, pero malo no. Todo lo contrario.

En resumiendo diré que hice el amor, y a ratos también hice la guerra. Uno de los mejores conciertos de mi vida el 11 de Mayo en Clamores. Me dolió de tan dulce.

Escribí bien a gusto, viví, imaginé. Incluso trabajé. Y me pagaron, más o menos. Fui un amante intempestivo, irregular pero entregado y fogoso; para mi piano.

Sentí el calor de mis amigos todos los días e incluso varias veces al día, pero no eran amigos todos los nombres de la carpeta "amigos" de Outlook. Bueno, eso ya lo sabía.

Me tumbé al sol desnudo y cogí aviones, casi siempre de compañías de bajo coste. Tuve invierno en verano, verano en invierno y también invierno en invierno y verano en verano. Pero a mi las estaciones no me afectan, a mí sólo me afectan los trenes.

Descubrí en mi cachorrito tres o cuatro personitas distintas, de complejidad creciente. Sin duda la frase del año me la dijo en el coche cuando volvíamos de la playa: "Tú no hace falta que seas mi amigo, con que seas mi padre es bastante". Sin inmutarse me colocó en mi sitio e hizo caduca casi toda la pedagogía "moderna".

Uso el pretérito imperfecto en vez de el perfecto, porque a día 30 de este diciembre raro y desordenado, de un año raro y desordenado. A 2005 lo considero bastante préterito, y bastante imperfecto. También bastante salvaje, inolvidable y bello.

Suma y sigue.

El ataque continúa


Esta foto la ha tomado esta misma mañana Xnem en Barna.

Y no está retocada como la de la familia del Rey.

Fíjaos cómo está la cosa.

¿El 25 no había pasado ya?

jueves, 29 de diciembre de 2005

Blogus Interruptus

Nos vamos a quedar a las puertas de los 10000.

Miraré el contador mientras me como las uvas. una preocupación más: los pipos, la piel, los cuartos, las medias y los comenteros.

Esto no puede ser.

El día

Se ha ido marchando el día. Discretamente. Y él a sus cosas. Divagando. Yendo de un pensamiento a otro, de una soledad a una compañía. De un cuarto frío a otro más frío todavía.

El termómetro no ha pasado de 15. Y eso, que a mediodía te puede hacer gracia, a las 8 te destempla el corazón. Te socava.

Ahora son poco más de las 9. Ha puesto un disco marchoso maravilloso de Putumayo para que le despierte mañana. Y se ha metido debajo del edredón con un libro.

Suena la lluvia al otro lado de la ventana, esto en Madrid da mucha alegría; cierras los ojos y viajas al norte.

Tiene nostalgia de cosas que no han pasado, y el recuerdo de frases que no ha escuchado. Un pájaro con las alas mojadas le vive dentro. Un racimo de burbujas le alegra la boca.

Se ha ido marchando el día. Discretamente. Y él a sus cosas.

Mano de Carpintero


"Es la mano de mi padre.
Como todo carpintero de los de antes,
tiene algunas secuelas."

Xnem

miércoles, 28 de diciembre de 2005

Santa Claus

Como ya nos ha señalado Xnem, este año hay una invasión de Papasnoeles en plan comandos especiales asaltando las casas. Con cuerdas, a pulso, en solitario o en pandilla...

La otra mañana, según iba al mercado (el mercado está a 200 m escasos de mi casa) los conté: 45.

Había uno muy curioso. De tamaño natural, que pataleaba. Pero en vez de estar agarrado a la cuerda la tenía enroscada al cuello. Además se le habían caído los pantalones y se le notaba una erección considerable debajo de unos calzoncillos de papasnoeles. ¡Qué redundante! ¿verdad? Yo pensé que los trabajadores de Xian Pen se habían pasado un pelín. De creativos. Pero en Madrid, en estas fechas se ven tantas y tan grandes excentricidades que seguí mi camino.

A la vueta, con mi cuarto de jamón serrano, mi baguete y unas mandarinas, el papá Noel seguía pataleando. En cambio ahora estaba rojo rojo y se llevaba las manos al cuello. Me paré y noté que hacía unos sonidos guturales (no te fastidia, no iban a ser occipitales) ¡¡estaba pidiendo auxilio!!. Qué realismo, desde luego los chinos nos van a conquistar economica y totalmente en cuanto quieran. Me acerqué un poco más, a ver si le veía la etiqueta.

- Tú, tonto del culo, es que no vas a ayudarme- dijo llenando la frase de gues.

A mi alrededor no había nadie. Era a mí.

Tú habrías hecho lo mismo, ves a Papá Noel en apuros y te lanzas a socorrerle. Subí como pude a la ventana y le solté la soga.

- ¿Represalia o intento de suicidio?

- Ha sido represalia. Un crío de 13 años, que me pidió la pesepé, un emepetrés, un adesele... pero sus padres me dijeron que sólo el emepetrés. Mira, a mí me pagan los padres, pero los palos me los dan los hijos. El sector está muy mal, falta seguridad...

-Pero, por favor - añadió- si te preguntan, di que fue intento de suicidio, que salga en los papeles. Que el panorama de llegar a una fachada a currar y encontrarme 10 o 12 caricaturas mías me deprime. Y, qué quieres que te diga, la depresión, a partir de cierta altura, puede tener consecuencias fatales.

-Vale. ¿quieres un poquito de jamón? ¿Un currusquito? ¿mandarina?

-Ya puestos.

Escribiendo en la cama

Estoy escribiendo en la cama. Tú duermes. Hace mucho calor esta primera noche del verano. Es por eso que has apartado la colcha de un...