Le escribí una carta. A ella. Ni muy íntima, ni muy nada. Contenía un guiño. un estrechar la mano... está bien, puede que también contuviera un beso. Casto y pequeño: sin lengua.
El caso es que nunca me contestó.
La repasé mentalmente. Por si contenía malas intenciones, pretensiones de contacto carnal, piropos dichos desde el andamio o las cotizaciones de Endesa del último trimestre. Nada. La repasé por si era barata, vulgar, ambigua... No encontré nada de eso tampoco, pero sí una falta.
Por eso no me ha contestado, estoy seguro, ella es muy rigurosa con la ortografía.
Me apunté en una escuela de letras y allí me dijeron que cariño se declina, que amistad se conjuga, que amor es polisémica. Que hay miradas muy poco correctas, desde el punto de vista de la sintaxis, claro.
El caso es que nunca me contestó, y yo creo que es por la falta, la falta de ortografía.
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
jueves, 16 de noviembre de 2006
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