Llega esta hora tonta
en la que bajo las barreras,
desconecto las alarmas
y dejo entrar al viento.
Poca ropa para abrigar el corazón.
Y late.
Late como loco
Tengo entonces que escribirlo
o que besarlo.
No sé si últimamente quiero más
o es que me contengo menos.
El caso es que aquí estoy,
extrañándote.
No suelo coger las poesías que regalan esos poetas callejeros que se te acercan cuando estás tomando algo en una terraza o en un bar.
Pero esta vez lo hice.
No sé el nombre del autor. Sé el nombre del bar: Cervecería Alemana, Santa Ana. Pagué 3 euros por esta joya.
Exactamente lo que tenía en el bolsillo.
Me pregunto si ese poeta encontrará sus palabras en este blog de la misma manera que sus palabras me encontraron a mí aquel jueves. Si fuera así estaria bien que añadiera la firma. O el título.
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Escribiendo en la cama
Estoy escribiendo en la cama. Tú duermes. Hace mucho calor esta primera noche del verano. Es por eso que has apartado la colcha de un...

-
Me he levantado esta mañana contento. Cantando cosas del Dúo Dinámico que debieron quedar fosilizadas en los rincones de la memoria como pe...
-
Luisito, el hijo de los de la mercería, estudiaba mecanografía . Todas las tardes le veíamos cruzar la calle con su carpeta azul Centauro , ...
-
Entraba dispuesto a contar cómo una breve llamada de teléfono es suficiente para devolverte a la realidad, cómo el primer ring es, ciertame...
¡cuanto poeta anda suelto¡ (para alegria de muchos).
ResponderEliminarsaludos
Pues yo hubiera jurado que lo has escrito tú...
ResponderEliminar