Un día piensas: me entiende.
Y esa impresión te da fuerzas,
te hace sentir bien.
Como si no estuvieras solo,
como si fuera verdad,
como si fuera posible.
Pero llega otro día y piensas: no me entiende.
Y entonces vuelves a la casilla de salida
y vuelves a agitar los dados.
Te sientes un poco perdedor.
Y el estar sereno y en lo cierto
no te consuela.
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
viernes, 17 de agosto de 2007
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