Le he pedido salir a una multera.
No ha sido premeditado. Estaba paseando por mi calle, mirando los parabrisas... me he acercado y le he pedido salir.
Pedirle salir a una multera resulta paradójico, porque las multeras están siempre fuera.
Eso es lo que me ha dicho. Pero era de Parla, y guasona, y lo ha expresado con rotundidad:
-¿Salir a mí? ¿No me has visto?, si esto todo el día de aquí para allá. Si me pidieras entrar lo entendería, pero ¿salir? Yo estoy ya salida.
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
martes, 20 de enero de 2009
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