He encontrado un pintalabios en el anorak de mi hijo adolescente. Y es de su color preferido:
rosa palo. Qué palo. Pensaréis que yo, a
mi edad, con mi bagaje y mis principios liberales ya debería estar preparada para esto. Yo también lo pensaba. Pero no, no estoy preparada.
Yo nunca había revisado su ropa, en realidad
encontré el lápiz de labios por casualidad, se cayó cuando iba a echarlo a la lavadora. Y llevada por un instinto maternal perverso -dicen que todos los instintos maternales son perversos- entré en su habitación con el ánimo de mirar en sus cajones. Os
juro que no lo había hecho antes. Y aún ahora me da vergüenza reconocerlo. Pero miré.
Mierda y desorden, hasta ahí todo normal. Los juguetes con los que ya no juega: coches, pistolas, kinder sorpresa que todavía huelen a
chocolate, chocolate del que no viene de sorpresa en los kinder. pastillas, la
nancy gótica, pálida y con una lágrima negra pintada, la caja de condones que le regalé cuando cumplió once años (sin abrir); todo en orden. Qué duro lo tenemos las madres separadas. Qué duro y qué
largo.
Como no quería que mi hijo creciese en el desarraigo, en cuanto pude le hice la
tarjeta de El Corte Inglés, todos en la familia la tenemos. Lo hice porque no me gustaba el fútbol, si no le habría hecho del Madrid. Por hacerle de algo. Le veía tan sosito, tan poca cosa. Así, por lo menos, pertenece a algo, pensé. Si se le hunde un barco y llega a una isla desierta y se siente solo recurrirá a "menos mal que soy del Madrid" y así, por lo menos, tendrá cierto consuelo.
Hoy he descubierto en su cartera las tarjetas de
fidelidad de Caprabo, Massimo Dutti, Sánchez Romero, VIPS, McDonalds, Cepsa, Repsol, Alcampo, C&A, H&M, Pull&Bear, Bang&Olufsen, Don Algodón, Zara, Bibliotecas Municipales, Biblioteca Cajamadrid, Reader´s Digest, Club Internacional del Libro, Ragazza, Revista 40 Principales, Club de Amigos de los Notarios, Zoo de Madrid, FNAC... con quince años. Muchas de ellas de oro o platino. Pero, qué he hecho mal. Siento una rabia profunda ¡¡No se puede ser fiel a tantas compañías!! Me da que está engañando a alguna, ¡y mi hijo no era así!
En el segundo cajón, debajo de unos calcetines desparejados, uno sudado y otro no, tenía escondido un album sexiFIFA2005. Lo abro. Es una colección de
Panini en la que salen los cracks de las selecciones nacionales desnudos y con una pelota. Cómo pude ser que coleccione estas guarrerías si yo le enseñé a hacer colecciones educativas como la de los cómics de Asterix, Tintín, la de cromos de trajes
regionales, animales de la jungla y tacitas de té de todo el mundo, relojes de arena. Las hacíamos juntos, era una manera de compartir. Nos dedicábamos a ellas no de forma obsesiva sino en los huecos de tiempo que nos dejaban los puzzles de dosmilquinientas piezas, barcos que se montan dentro de botellas, macramé, maquetas de aviones de la segunda guerrra mundial y un curso de alemán del Planeta D´Agostini.
Ya sé porque he encontrado un pintalabios en el anorak de mi hijo adolescente. Ya sé cual fue mi error casarme con ese sinvergüenza. Rompo a llorar. La
culpa es de su padre.