Hoy se ha acostado en su cama motu proprio.
Al lado de un conejo con las orejas largas al que ha colocado unas gafas de sol con una goma. Tiene nombre, pero yo no me lo sé.
Ha pasado toda la tarde casando muñecos. Sin exagerar, creo que ha oficiado más de 10 bodas. Es normal que estuviera cansada. Casar cansa, la propia palabra lo dice.
Pronto empezará a tratar a los muñecos como muñecos y yo echaré de menos estas tardes de domingo en las que desde mi cuarto oigo hablar a 12 animales distintos a través de la boca de una sola niña.
Algunas veces pienso si no será exagerado o enfermizo quererla tanto. Pero no la quiero por ella, no es una acto generoso, es egoísmo: la quiero por lo que me permite ser.
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
lunes, 21 de mayo de 2007
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