martes, 3 de mayo de 2005

En el Café Central

De todos los cafés de Viena me quedo con el Central. Y por eso quise volver el domingo, antes de dejar esa ciudad. Una familia de austriacos celebrando una comunión. El niño de marinerito.

Un trío de piano, contrabajo y violín tocaba las melodías que no escuché en un trasatlántico de los años cincuenta rumbo a Nueva York. Porque llegué tarde. "Si no hubiera tanta gente te sacaba a bailar". Se rió.

En la mesa de al lado, despistada, una muchacha triste.

El camarero llevaba la bandeja con tales bríos y tan generosa sonrisa que se diría que había tenido una noche de sexo trepidante o, en su defecto, le faltaban sólo cinco minutos para acabar la jornada.

La clientela no hacía caso, unos pocos aplaudían con desgana cuando acababa un tema, los demás no. Pero yo disfrutaba como un niño todas esas canciones decadentes y maravillosas. Los músicos se lo estaban pasando bien. Nos levantamos con intención de marchar. Entonces empezaron a tocar Hello, Dolly. "Déjame escuchar ésta, por favor. La última". Tiene algo especial el swing que te hace mover los pies, como unas cosquillas en el alma. Había bajado Dios -o Glenn Miller como su representante- y se había metido en el cuerpo de aquellos tres. Dejaron de sonar los cubiertos y las copas, se apagaron los murmullos. Y cuando resonaba la última nota, sobre ese silencio que precede a los aplausos, Dios se esfumó. Corriendo. Cruzó la calle. Yo no lo ví, pero la chica triste sentada en la mesa de al lado sí.

3 comentarios:

  1. Alguna gente parece que ve cosas que quedan ocultas para los demás.

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  2. Esta chica tiene una historia y seguro que la sabes mano que toca. Esperamos que nos la reveles.

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  3. Los viajes tienen un poco de anestésico y otro poco de adrenalina, según se mire. La dosis optima no es fácil de administrar.

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¡Muchas gracias por comentar!

Mudanza

Han pasado 7 años y pico desde que nació a2manos . Y ha sido una de las experiencias más emocionantes de mi vida. Auténtica, arriesgada...