Llueve en Madrid, a cántaros.
El cielo, en cambio, luce azul.
Nadie me pidió que me quitara el caparazón y las púas. Lo hice yo porque quise.
Porque se me estaba quedando blanco y blandengue el cuerpo de no exponerlo. Al sol. A todos los soles. Me gusta "blandengue", creo que nunca había escrito "blandengue". Si no viniera de "blando" perfectamente podría venir del Congo. Blandengue. Vengo blandengue, mandinga, blandengue bongo.
Llueve en Madrid, a cántaros.
Pequeñas historias, melodías de insomnio, mensajes en envases de aire, días de tristelicidad...
martes, 20 de noviembre de 2007
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